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Un principio de la economía elemental -y del sentido común- es que las cosas que pueden tener precio serán aquellas que están sujetas a nuestra capacidad de control (producto de nuestra fuerza del trabajo), que pueden llevarse al mercado y que, por ende, pueden venderse. De este principio se entiende que si algo, por el contrario, nos determina y es algo más que nosotros que no puede ser controlado, ni aislado, ni empaquetado ni puesto a la venta, no tiene sentido que tenga un precio. Por este principio, se desprende que algo como la vida -que no es consecuencia de nuestro trabajo- tampoco lo tiene. Además, sabemos que un ecosistema es una manera de describir -de entender- a la Vida, de modo que el término ecosistema equivale al término Vida, y así, por propiedad transitiva, un ecosistema tampoco puede tener precio.
La albufera de Reta responde a los llamados ecosistemas de estuario. Y mientras el arroyo Claromecó -por su caudal hídrico- alcanzó a formar un típico estuario, el arroyo El Gaucho de Reta -mucho menos caudaloso- no pudo hacerlo y, en su lugar, formó una laguna que cuenta con aportes marinos irregulares, lo que lo convirtió en un ecosistema muy especial: una albufera interactuando con la fascie abiótica del sistema, cuyos límites en su intercambio de materia y energía quedan por definir por la ciencia ecológica.
Bajo esta perspectiva, cualquier conflicto de intereses que surja entre los valores naturales y los económicos habrá de ceder necesariamente a favor de los ecológicos porque éstos son los que determinan nuestra supervivencia. Para ciertas personas, sin embargo y fuerza es reconocerlo, se trata de un razonamiento sin sustancia, algo extremadamente abstracto: la ganancia inmediata frente a una abstracción científica, con ribetes filosóficos, es algo que no admite mayor discusión. Lo que sería oportuno, en todo caso, es conseguir que estas personas entendieran que un ecosistema no es algo aislado, que su existencia está determinada por otros sistemas y que, por otro lado, permite la existencia de otros sistemas. Esta red de pertenencias nos deja ver que hacer desaparecer la albufera por los altos precios que pueden ostentar los terrenos en la zona, significaría ponerle precio a la estructura de la vida del mundo entero. No entender así las cosas es la actitud mental que ha llevado al planeta al estado crítico en el que se encuentra ahora, y en lo particular, ha servido para arruinar ambientes de prometedora perspectiva turística en la costa bonaerense, incluso a pocos kilómetros de Reta.
La degradación ambiental y eventual desaparición del ecosistema de la albufera de Reta será un negocio de pingües ganancias para algunos en poco tiempo... Pero a la larga, Reta se convertirá en un sitio más de veraneo, en un balneario absolutamente empobrecido, fantasmal, en el que habrá desparecido uno de sus principales atractivos turísticos: la Naturaleza intacta... Dejará de ser uno de los pocos lugares en donde todavía no se le ha puesto precio a la vida. |