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Escrito por Horacio Ramírez
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Martes, 03 de Mayo de 2011 15:42 |
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Primer apartado: Cierta vez se le preguntó al filósofo italiano Antonio Labriola, cómo haría para enseñarle algo tan abstracto y culturalmente elaborado como la Ética a un aborigen de Papúa. Labriola respondió que lo primero a hacer sería convertirlo en esclavo.
Segundo apartado: Jean P. Sartre afirmaba que el otro es alguien en la medida en que me amenaza.
Tercer apartado: escribió Herbert Marcuse que uno de los instrumentos para controlar una sociedad liberal como los EE.UU. o las democracias europeas es, precisamente, bloqueando el proceso democrático con la producción continua (...) de las tecnologías del control.
De lo dicho por Labriola y lo escrito por Marcuse deducimos al punto que, desde la política, toda relación entre poder y sociedad se resuelve basándose en la simplificación del entorno social. Y relacionándolo con Sartre, esa simplificación incluye la orientación “del otro” hacia un frente de conflicto que me asegure evitar toda suerte de ambigüedad en la relación. En otras palabras: el otro es quien es, porque es mi enemigo.
Sucede que la riqueza de cualquier sociedad o cultura es siempre “demasiado” para cualquier estrategia de control o proceso de ingeniería social. En este sentido, ¿qué pasaría si “el otro” fuera mi amigo? Tendría que hablar con él y la relación de poder se complicaría hasta el punto de que debería elegir entre o la amistad, y traicionar mi ansia de poder, o el control, pero no ambas cosas a la vez.
Esta simplificación ha sido esencial para el manejo de las relaciones exteriores de las potencias en todas las épocas. Hoy asistimos -como en las distintas eras de la Humanidad- a la misma herramienta para la construcción del poder: la simplificación del entorno. Generar esclavos o enemigos -que rápidamente se identifican- que justifiquen la producción perpetua de factores de control. Esto es los EE.UU., lo fue Roma, lo fue Hitler. Y también lo fueron los pueblos bárbaros, los Incas o los chinos de todas las épocas. Ninguna cultura ha crecido fuera de algún esquema que suponga el control de los que los rodean, y ese control sólo se logra a través de la simplificación. En efecto: el prejuicio, la desinformación o la simple diferencia étnica fogonean en forma permanente la imagen del enemigo perpetuo. La construcción de la paz a través de la violencia es un procedimiento que siempre genera la “paz de los cementerios”, esto es: personas que en vez de discutir, plantear o exigir se limiten a descansar en paz, ordenados en parcelas de dos metros de hondo. Porque el poder exige la simplificación, ésta debe acercarse a la mayor simplificación posible: la muerte.
Y así, la muerte de Bin Laden ahora, como la Hussein, Mussolini y tantos otros en el pasado y las muertes que vendrán, seguirán demostrándose a sí mismas como las herramientas más eficaces de control del entorno.
Un esclavo es un muerto en vida; un enemigo es un muerto en potencia. Nadie se preocupa en discutir los cuestionamientos del esclavo o del enemigo. Nadie espera que los enemigos (sean del bando que fueran) o los esclavos puedan tener derecho a discutir los principios “éticos” de libertad o lo que sea que se quiera vender desde los centros de producción de poder. Al Qaeda es el enemigo perfecto para que siga funcionando la maquinaria de producción de tecnología de control (léase: armamentos), y lo es como lo fue la ex Unión Soviética o como lo fueron los norteamericanos para los diferentes enemigos que supieron adquirir.
Los extremistas musulmanes quieren matar norteamericanos. Los norteamericanos quieren matar extremistas musulmanes. Simplificar el entorno mediante la muerte, como mecanismo idóneo para el control absoluto, es lo que la civilización se ha dado como ejemplo y consigna a sí misma, desde la primera trifulca entre trogloditas hasta los festejos frente a la Casa Blanca por lo acontecido en Pakistán.
Hoy -como ayer- la honradez tiembla y la piedad es un negocio. Mientras tanto, los desiertos del Hombre se pueblan de ametralladoras que entonan las estrofas de algún Himno Nacional. Cualquiera.
Horacio Ramírez |
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Escrito por www.lavozdelpueblo.com.ar
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Miércoles, 27 de Abril de 2011 11:12 |
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El bloque de concejales de la UCR solicita que la Secretaría de Obras Públicas intime a parar una construcción en Reta, como así también que ordene la inmediata demolición de la misma por encontrarse en un lugar no permitido para construir.
Se cita una obra en construcción que se está erigiendo aproximadamente en calle 32 y los médanos frontales en Reta, mientras la Ley Nº 12.257 de la provincia de Buenos Aires-Código de Aguas- en su artículo Nº 142 dice: "Prohíbese el loteo y la edificación en una franja de 150 metros aledaña al océano Atlántico y la edificación sobre médanos y cadenas de médanos que lleguen aún a mayor distancia".
Y que el decreto provincial Nº 3202/06 al que adhirió la Municipalidad de Tres Arroyos con aprobación unánime del Concejo Deliberante, mediante ordenanza Nº 5695/07, dice en su artículo 7º: "La aprobación de nuevas urbanizaciones deben ajustarse a los siguientes parámetros: En los casos de ampliación del área urbana el municipio deberá definir el límite del área urbanizable (líneas del frente costero), de acuerdo con lo establecido en el artículo 6º del presente. La definición de esta línea deberá respetar el retiro desde la línea de ribera establecido en el artículo Nº 142 de la Ley Nº 12.257 y el fijado en el artículo Nº 56 del Decreto Ley 8912/77, más una línea de resguardo definido por el municipio. La línea del pie del médano será trazada a pedido del municipio, por el Ministerio de Infraestructura, Vivienda y Servicios Públicos. Los médanos de la primera cadena como las otras áreas afectadas a la protección ambiental no podrán ser removidos, atravesados por calles ni interrumpidos para abrir brechas de acceso a la playa, que deberán resolverse mediante la instalación de pasarelas peatonales desmontables, que se ubiquen por encima de médanos, sin interrumpir el movimiento natural de la arena".
Se hace mención a que esta obra ya ha sido detenida y cumplida su demolición en una oportunidad, por no adecuarse a la normativa antes dicha. Y que ante la construcción de la actual obra se ha solicitado el cumplimiento de la normativa de construcción ante la División de Obras Particulares, informándose que no se contaba con autorización para construir, por lo que se detendría nuevamente la segunda obra por no cumplir con las normativas, pero que no solamente no se detuvo la obra, sino que en la actualidad se halla prácticamente finalizada.
Asimismo la UCR menciona que el 25 de abril nuevamente se reclamó en la División de Obras Particulares ante su responsable arquitecto Julio González, el cual admitió que no existe ninguna autorización para construir.
Por lo tanto se requiere al Concejo Deliberante dirigirse al Departamento Ejecutivo para que se intime al propietario de la obra en construcción en calle 32 y los médanos en Reta a que en forma inmediata detenga la construcción, hasta tanto se regularice la situación. Y se ordene la inmediata demolición de la obra en caso que no se dé cumplimiento inmediato a la normativa vigente.
También se pide que se informe sobre las restricciones existentes para construir sobre los médanos frontales y zona de la albufera de Reta a los compradores de terrenos en esta zona, así como a vendedores de estos terrenos, sean particulares o empresas de negocios inmobiliarios. |
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Escrito por Horacio Ramírez
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Lunes, 25 de Abril de 2011 09:19 |
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Todavía no se había desprendido el primer rayo de sol en aquel domingo, el más memorable en la Historia de la Humanidad, cuando la Tierra empezó a temblar. De pronto, desde lo alto, un ángel del Señor descendió lentamente del cielo. Brillante como el rayo, rompió el sello de autoridad del Emperador, quitó la piedra que cubría el sepulcro donde estaba el cuerpo de Jesucristo y se sentó a esperar. Los soldados de guardia cayeron a tierra y se quedaron como muertos. Luego, recobrados, huyeron del sitio, desafiando a la ley militar romana que preveía ejecución sumaria para el que abandonara su lugar de vigilancia.
El proceso del más grande misterio de la vida, que es la resurrección desde el seno mismo de la Muerte, había comenzado.
Con las primeras luces del alba, las fieles María Magdalena y las otras mujeres, iniciaron su dolorosa caminata hasta el lugar del sepulcro. Sabían, por haberlo presenciado, que las tareas de preparación del cuerpo del Salvador, efectuadas por José y Nicodemo, no habían sido completas: el apuro había sido forzado por la cercanía del día del reposo y la estricta custodia de los soldados. Así, las mujeres llevaban todo lo necesario para terminar la tarea de unción y embalsamamiento externo del cuerpo de Jesús. “¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”, se preguntaban mientras deshacían el camino, desconociendo lo acontecido.
Cuando llegaron, se toparon con el ángel que aguardaba. Tuvieron miedo: “No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús... No está aquí, porque ha resucitado”. Enseguida, las instó a ver la tumba por dentro y a partir urgente a dar la nueva a los discípulos, con la precisa indicación de que iba delante de ellas, rumbo a Galilea.
María Magdalena parece haber sido la primera en avisar acerca de la tumba vacía. Pero su mensaje trasuntaba la debilidad humana frente a tan gloriosos eventos: no comunicó acerca de la resurrección sino, solamente, sobre la desaparición del cuerpo. Pedro y seguramente Juan, corrieron al lugar. Juan miró desde fuera. Pedro entró: la losa estaba vacía y las sábanas en el suelo y aparte, el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús. Juan afirma que viendo eso, “creyó”.
Algunos pasos atrás, llegaba corriendo María Magdalena. En su mente no podía creer porque todavía no había entendido, por eso lloraba fuera del sepulcro, y por eso, mientras los discípulos permanecían en el interior de la tumba, para ella la única verdad era que el cuerpo de su Maestro había desaparecido.
Pedro y Juan se fueron. María, lentamente, se acercó al hueco de la tumba y espió en su interior. El lugar no estaba vacío: un par de ángeles custodiaban la losa, uno a los pies y otro en la cabecera. Uno de ellos preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras?”. La respuesta de María fue quizás la expresión más grande de amor de toda la Biblia, la más tierna y desgarradora: “...se han llevado a mi Señor...”
María se volvió de la tumba la que, aun cuando resplandecía por la presencia de los ángeles, para ella seguía vacía y oscura. Entonces sintió una voz que le habló: “Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?”. Ella pensó que era el hortelano, ya que, después de todo, la tumba era ajena, y pensando que había sido desahuciado por él, él mismo podría darle una respuesta más útil, reponer la falta y darle otro lugar para el descanso del cuerpo. Entonces, contestó simplemente: “Señor, si tú te lo has llevado...”
La Magdalena levantó la vista y no pudo reconocerle. “Dime dónde lo has puesto”, le rogó, “y yo lo llevaré”. Pero inmediatamente, aquellos labios vivientes sonrieron toda la Gloria del Universo e invadieron de Verdad y Luz el corazón de aquella mujer, solamente con pronunciar su amado nombre: “¡María!”.
El misterio más grande se había manifestado por primera vez a un mortal, y la Historia de la Humanidad había iniciado una nueva dimensión que aún aguarda la respuesta de nuestros labios... Y en cada Pascua de Resurrección tenemos la misma oportunidad de oír en nuestros corazones que aquellos labios pronuncian, siempre por primera vez, nuestro propio nombre... |
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Escrito por Horacio Ramírez
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Martes, 12 de Abril de 2011 09:26 |
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Chingolo
Casual saludo de la tarde, chingolo, feliz gota de parda miel en las espigas, te veo como sombra dormida en las ramas de la siesta. Y te escucho, también, sin que lo sepas, en la casa de la abuela, y en el naranjo amargo donde silbó Dios el hábito infantil de tu simple endecha.
De viento, de agua y de sol, chingolo, tus alas, mansas como la tierra, visten de lenta sorpresa la larga vida de mis penas,
y cuando el invierno insiste en hacernos odiar la escuela, tu pico a la tarde suelta a volar en trino invisible
y desde calles desiertas ya entra a la jaula triste de maestra y libertad imposibles, tu canción de ventana abierta.
Chingolo, andarín que descose el dobladillo de la tarde, siempre estarás en el invierno de tu sencillo equipaje: copete y canción ingenua, semillas y todo el aire... Y en tu nido, soñado en tierra, dejaste un día (¡dulce ladrón!) en dócil y tibio jergón, las pobres plumas de un poema. |
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