La albufera de Reta: un desafío ambiental y político
Escrito por Horacio Ramírez   

La palabra albufera nos viene del árabe y significa, simplemente, "pequeño mar". Como se sabe, Reta posee una de las pocas que existen en el mundo y de características geomorfológicas y ecológicas muy particulares. Se trata, en sentido estricto, de una microalbufera, con una extensión no mayor a las 40 ó 50 hectáreas, y esto considerando la cuenca hídrica que la alimenta a través del arroyo "El Gaucho". Pero el "pequeño mar interior" en sí, es una lagunita de reducidas dimensiones como difícilmente pueda hallarse otra en el mundo.  Al ser tan pequeña, es un laboratorio ecológico a escala humana, de manera que un investigador, caminando, puede abarcarla en su totalidad en una jornada de trabajo.

Desde el punto de vista ambiental, posee una dinámica ecológica estuarial: en la laguna -aislada en el caso de la de Reta por una línea de playa continua- se mezclan aguas dulces continuas del arroyo con el agua salada en aporte discontinuo desde el mar, por mareas y tormentas-; y en esta mezcla -de salinidades, temperaturas y, como consecuencia, de densidades- los nutrientes caen en una "trampa nutricia" natural que dinamiza la cadena trófica propia de la albufera. Las especies que habitan sus aguas son eurihalinas y euritermales -están adaptadas a estas condiciones variables- y los principales grupos de productores primarios -especies fotosintéticas- están presentes, iniciando así, por la cadena trófica correspondiente, la biodiversidad que caracteriza a estos ambientes tan exclusivos.

En la albufera de Reta se daba cita la mayor biodiversidad imaginable para la zona, estimulada por el hecho de pertenecer a una región ecotonal, es decir, de transición entre ambientes lo que, por constante ambiental, siempre tiende a aportar mayor número de especies, especialmente de aves canoras -pájaros y afines-. Su "identificador" como albufera, fue el ingeniero Francisco Forés, quien también promovió su protección, y fue así que desde el 2004 es la primera zona protegida del distrito. Hasta aquí la historia.

En cuanto a la proyección ambiental las perspectivas son menos halagüeñas. Se debe reconocer que la albufera de Reta está más cerca de alcanzar un disclímax antropogénico que esperar su evolución ecológica espontánea hacia su clímax climático, como dijimos, más rico que el de su entorno inmediato. Las grandes bandadas de aves de todo tipo y sus predadores, así como los animales -peces, crustáceos o moluscos- y plantas que constituyen su alimento, están desapareciendo. El turismo en Reta crece más a cada año que pasa y esto espanta a estos animales lo cual desbalancea el conjunto. El gobierno municipal fue un verdadero pionero al encarar su protección, pero ahora las medidas se tienen que acelerar y profundizar. Carlos Sánchez explicó a quien esto escribe, que la política turística de su administración respecto a Reta apuntaba por ahora a mantener una dinámica "natural" entre la demanda de la Capital y del Gran Buenos Aires y la oferta local. Si bien esta interesante política le dará sin dudas a Reta ventajas estratégicas acordes a sus características turísticas particulares, la cuestión ambiental sigue siendo área de interés oficial. Hay que reconocer que en esta suerte de cadena lógica de acontecimientos, el eslabón legal -y obviamente político- es el más poderoso y a la vez, y paradójicamente, el más frágil. Muchas veces se trata de tomar la iniciativa política en escala local, pero ésta debe contar con una base acorde en provincia y Nación. El Derecho debe aprender a justipreciar sus estrategias conservadoras -especialmente en las Facultades- sin dejar de pensar en sus clientes particulares pero ir creciendo a su vez en este nuevo contexto hacia una concepción holística del Hombre y su inserción en un mundo real, el cual es, en un sentido literal, infinitamente más complejo que cualquier legislación ambiental.

Reta puede crecer sin tener que perder riqueza ambiental y puede conservar sus privilegios ambientales sin tener que renunciar al progreso. Asimismo, es en coyunturas de esta clase donde se ve la pasta del político estadista. Reta, con su albufera, sus playas, sus campos, sus montes y todo este tesoro ecológico que no necesita de un peso para instalarlo -porque ya lo puso Dios a nuestra disposición- y que requiere de un mínimo de infraestructura para su mantenimiento, puede potenciarse hasta niveles insospechados, incluyendo al turismo como agente promotor de primer orden.

Reta puede tener una reserva natural en su albufera, debidamente acondicionada para que retome su ritmo ecológico espontáneo. Reta puede ser un santuario de aves. Reta puede ser un verdadero paraíso ambiental. Y no es un lujo sofístico de intelectuales trasnochados: un entorno sano es una necesidad acuciante que hoy sufre la Humanidad en todo el mundo, que está en manos de los políticos el cubrirla y que en Reta puede ser satisfecha ampliamente sin mayores traumas presupuestarios. Los humedales -y la zona de médanos y la albufera lo son-, la biodiversidad como criterio de salud ecológica, la protección y la conservación de las especies que habitan la zona -combatiendo la caza furtiva y la contaminación- constituyen elementos claves para un pueblo junto al mar que tiene, como su mayor capital para ofrecer al mundo, su muy prometedor futuro.