En Reta no hay tapires
Escrito por Horacio Ramirez   

Antes que nada debemos preguntarnos cuál es el sentido de un Parque Nacional. Y su sentido es -académicamente- generar un espacio lo más inalterado posible para que el sitio conserve sus características ecológicas también inalteradas. Pero antes que nada, conviene entender ciertas cosas.

La vida es una idea de vida. Esto significa que lo que nosotros llamamos vida varía con la gente que desarrolla la idea. Las ideas se ajustan a la evolución histórica de los pueblos. Cuando la ciencia biológica estaba haciendo sus pininos, la vida era una cosa. Con el tiempo, la definición de vida siguió cambiando y hoy es otra también distinta. Solemos creer que nuestra definición es la definición para siempre, pero la misma historia nos debe enseñar que nunca está dicha la última palabra: que las ideas sobre las cosas cambian constantemente: que no es posible la última idea, que siempre habrá otra más allá… no mejor, sino otra y así perpetuamente.

Recordemos un Museo de Ciencias Naturales. Esa era la idea de vida del siglo XVIII al XIX: en una vitrina, un tapir embalsamado era un tapir. Con el tiempo, se pensó que un tapir era otra cosa. Un tapir corre, se reproduce, respira y muere, mientras que el “tapir” -ahora con comillas- del museo no hacía nada de eso, que se trataba de un monigote relleno de aserrín que remedaba al tapir que se reproduce, respira, etc.
Entonces, la idea de vida pasó a ser un zoológico. El tapir corría, se reproducía, respiraba y moría como los tapires de verdad: sólo era cuestión de que el más chico de la familia le tirara maníes o galletitas y el pibe ya sabía lo que era un tapir.

Pero pasó el tiempo, y entonces se sacó de la galera otra idea de vida: un tapir -pero un tapir tapir- será aquel que haga lo que hace el del zoológico sólo que en su ambiente natural como si no estuviera el Hombre midiéndolo, estudiándolo, etc…

Estamos pasando del s. XIX al XX: aparecen los Parques Nacionales. El de Yellowstone y el Nahuel Huapi, los dos primeros del mundo. Y ahora sí: la idea del tapir global, el que es como el del museo, que hace lo que hacía el del zoológico y ahora en su ambiente natural, es una idea ganadora científicamente hablando. Pero otra cosa se había hecho también evidente: que el Hombre se había constituido en un problema y la cuestión era aislarlo del tapir para que el tapir siguiera haciendo las cosas que hacen los tapires. Pero un hecho sigue siendo irrefutable: tanto el tapir de aserrín como el del zoológico o el del Parque Nacional siguen siendo los tres una idea de tapir. Se parece mucho (¿cómo lo diríamos?) se parece mucho a la “idea” de Platón… Nos referimos a la idea de tapir allá lejos, en el mundo de las ideas. De hecho, ese tapir del museo era lo más parecido a la idea platónica de tapir, pero el tapir del Parque Nacional, en verdad, no dista mucho de esa idea “ideal” de un tapir. Lo que queremos decir es que hemos avanzado algo desde el tapir monigote al tapir ecológico del Parque Nacional, pero aún este tapir ecológico sigue siendo una idea de tapir como el tapir de la vitrina… Y es -malas noticias- siempre una idea incompleta. Como sea, esta visión que no todos los biólogos conocen  permite entender que el Hombre es también una idea del Hombre y que aún antes de querer cambiar constantemente las ideas -siempre creyendo que la última es la última- lo que tenemos que tratar de cambiar es el sistema de ideas, esto es: el modo en que producimos las ideas de las cosas.

No está mal un Parque Nacional: es siempre preferible a tener tapires de aserrín, pero no tenemos que perder de vista que en ambos casos no hemos llegado a la “esencia” del tapir… Y no hay que perder de vista tampoco que nunca lo podremos hacer. Dicho lo cual, podemos entender que un Parque Nacional tampoco resolverá el problema de lo humano… Podemos entender (¿podemos?) que lo que hay que cambiar es la idea que el Hombre tiene del Hombre. Un Parque Nacional es, seguramente, lo más que podemos hacer a favor de, pongamos por caso, un tapir sin cambiar la Naturaleza Humana (la idea de lo humano), pero no deja de ser un simple barrer la basura debajo de la alfombra…

En Reta no hay tapires…

La propuesta de crear un Parque Nacional entre Reta y Marisol aumentará las posibilidades de conservar intactas las condiciones ambientales naturales: así se podrán mantener vivas especies que cerca del balneario ya están desapareciendo.

Y además, no. Nunca hubo tapires en Reta, pero esta cuestión planteada acerca de la idea de vida y Naturaleza que el Hombre moderno trae consigo -y con sus diferencias-, puede aplicarse a Reta. Porque el mundo (término que etimológicamente quiere decir ‘hermoso’ –recordar que lo contrario es ‘inmundo’-), porque el mundo, decíamos, es siempre una idea de mundo. El vicio epistemológico de creer que las cosas existen de por sí, crea el peligroso vicio de creer que las cosas son ‘agarrables’… Que puedo tomar lo que quiera de lo que me rodea. Y no veo -el vicio es cultural- que existen consecuencias de mis actos que no son directas: yo mato a un tapir y no pasa nada: el mundo no se viene abajo por eso. Pero este porfiado hábito de creer en las cosas -lo que los cibernetistas llaman ‘codificación guestáltica’- hace que no podamos ver el sistema de relaciones que vincula a todo con todo. ¡Si hasta la Ecología -que vive de las relaciones- olvida este principio! No puedo matar un tapir sin conmocionar (mover en conjunto) al sistema total. Es la vieja historia china del aleteo de la mariposa en las montañas del Oeste que causa el tifón en los mares del Este y esto tiene que ver con el principio de no localidad en física clásica y un sinfín de etcéteras muy complejos. Tan complejos, que la evolución de estas influencias no sólo me es invisible sino que también me es impredecible, porque el conjunto es siempre creativo, nunca se sabe qué pasará, nunca es igual a sí mismo, de modo que ninguna medida puede ser tomada pretendiendo ser la “verdadera” o cosas por el estilo… Y por eso tampoco se puede creer en la posibilidad de una ayuda activa de la Naturaleza viva: se trata de un sistema absoluto en sí mismo, de millones y millones de años de evolución, enclavado indisolublemente con la evolución de todo (todo) el Universo ¡y todavía pretendemos ayudarla!
Cuando yo mato un carpincho en Reta, no sé qué le puede estar pasando a un tapir en la selva amazónica… o qué le puede estar pasando a la estrella más lejana del Universo.

El día que aprendamos a ver totalidades -como los místicos, los artistas o los niños- ese día podremos comenzar a definir nuestra idea de Reta. Y así como los artistas, los niños o los místicos pueden ver flores en el cielo, así veremos este espacio y este tiempo que queremos como un instante sagrado, como un don, como una creencia… Y no algo que puede ser esquilmado sin consecuencias… Reta -el mundo, los Hombres- sólo nos puede dar aquello que le hayamos dado antes. Si siempre le quitamos sin darle nada, cosecharemos el viento… Esperar lo contrario es de tontos.