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Todos sabemos porqué vuelan las aves: el aire les pasa por debajo de las alas más lento que por encima, la presión de abajo hacia arriba es mayor que en sentido inverso y vuelan. Pero hay mucho más… Vuelan porque son livianas y son livianas porque tienen los huesos huecos y porque esas oquedades las tienen llenas de sacos aéreos que derivan de los pulmones y les aumenta la capacidad respiratoria para poder sostener el esfuerzo muscular de volar además de disminuirles el peso específico y también vuelan porque tienen amplias reservas de agua y las tienen porque no transpiran y reciclan el agua de la orina hasta hacer esa pastita blanca que orada hasta la pintura de los autos, además de volar porque tienen esos músculos sobredimensionados -las pechugas- que son capaces de hacer el esfuerzo de arriba hacia abajo del aleteo para ‘apoyarse’ en el aire y que en el caso exclusivo de los colibríes son tan grandes como los músculos que alzan las alas, los que en las demás aves son siempre más chicas porque las plumas se abren para dejar pasar el aire y no ofrecer resistencia. Por eso vuelan.
Más allá de nuestra ortopedia aeronáutica, el vuelo le está vedado al Hombre. Sin embargo, soñamos que volamos y es propio de aquellas personas que muy en el fondo no hubieran querido nacer, o dicho de otra forma, los que quieren elevarse de nuevo al útero materno. Es por eso seguramente que las aves causan particular fascinación en el ser humano, porque ellas logran lo que para nosotros es, muchas veces, un anhelo inconfeso: el volver con la vieja. Cómo es posible, entonces, que haya gente que quiera capturarlas, domesticarlas, matarlas, etc. Bueno, en este sentido cabe recordarse que no hay en el mundo cultura para la que el ‘pajarito’ no sea el símbolo primario del pene… Y obviamente matar al pajarito es poder desplegar el plumaje que encubre la castración. Y pasa que el castrado que quiere matar al ave es el mismo infeliz que no puede tomar el ómnibus ‘normal’ de regreso al útero que -como lo sabe todo mayor de 18 años- es precisamente el pajarito… El que mata un ave por morbo, placer o simple odio y resentimiento disfrazado de cualquier cosa, es un simple eunuco mental que no puede ver cómo los demás sí pueden disfrutar de la libertad de sus respectivos pajaritos… Vivir: eso significa el vuelo de las aves; eso significan las aves. Por eso nos emocionan y nos alegran: porque en el ave nos reencontramos con nuestra capacidad de amar, de crear, creer y de vivir… Ser libre es desplegar esas alas que la cultura nos ha sabido pegostear con su insaciable hambre de conocimiento o ganancias… La libertad es la distancia que media entre lo que somos y lo que podemos llegar a ser, y esa distancia sólo se la cubre volando. Por eso les escribimos poesías y las emulamos con canciones… Y por eso, los que participamos de la clase de las aves -aunque no podamos volar, como los ñandúes- formaremos, para abril o para mayo, un Club de Observadores de Aves de Reta, con la ayuda de un Club de Necochea y contactos con Aves Argentinas…
Y para ir despidiéndonos, después de esta noticia, una poesía:
Jilguero sobre fondo celesteAmarilla gota de viento que escribiendo va el celeste del cielo, que volando silba su obsesión de adiós, que me deja lejos, que me deja solo, que me deja viejo… y que en su rubio vivir de urgencias y de nervios vuela sin dejarme siquiera sombras en el suelo. Lágrima de sol que escribe el celeste cenit del cielo: mi obsesión de nadir te equivoca entre las hojas… y te espero. Horacio Ramírez
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