Ecología Poética de la Primavera
Escrito por Horacio Ramírez   

Horacio RamírezPájaros y tibieza del aire y perfume a fresias en los jardines. Está llegando la Primavera, la estación del amor y cosas por el estilo. De hecho, la Primavera es lo más promocionado del mundo natural. En términos ecológicos, hablamos de una aposemática, de una deliberada emisión de señales: colores en el espectro visible para el Hombre y fuera de él, amén de perfumes y cantos. Los sentidos son bombardeados con señales agradables y, muchas veces, excitantes.

Uno de los aspectos que determinan este fenómeno es la duración de la luz solar. Como sabemos, alrededor del equinoccio de Primavera la luz diurna equivale al período nocturno, aunque el alargue del día se viene dando desde el solsticio de invierno. Sin embargo, es para esta época en que la duración de la luz diurna alcanza un umbral muy importante entre las aves. Ellas son capaces de percibir este fenómeno astronómico a partir de su glándula pineal, cuya estructura se la considera enlazada evolutivamente con la visión. Nuestra glándula pineal queda sepultada bajo el manto de los huesos del cráneo -ubicada a la altura de la mollera de los bebés-, pero ha tenido siempre importancia entre místicos y algunos filósofos. La "iluminación" en las filosofías orientales es relacionada con este tercer ojo y entre los occidentales, fue Descartes quien estableció un vínculo entre el racionalismo más despojado y el misticismo más oculto; historia que la filosofía occidental se niega a reconocer abiertamente.

Es también el alargamiento del día el que reactiva los procesos de biosíntesis de la clorofila, especialmente en las plantas que pierden las hojas en invierno. Estas plantas habían hecho una importante economía en otoño: como el magnesio, elemento esencial en la molécula de clorofila, es un elemento difícil de hallar en el suelo, el árbol debe disolver fisiológicamente la clorofila -sólo quedan los pigmentos amarillos o rojos que siguen coloreando el órgano que pronto se perderá-, y en el proceso reabsorbe el magnesio. Por eso es un absurdo podar los árboles en pleno invierno, cuando están en "dormición". Esta supuesta "dormición" no es inactividad: los árboles reabsorben en otras estructuras las moléculas que necesitarán para la Primavera y al podarlas son eliminadas, alterando la economía de la planta.

La Naturaleza, como el inconsciente humano, jamás duerme ni se cansa. Pero reconocemos como al gran protagonista de la Primavera al sexo. Tanto el canto de las aves, como las flores y sus perfumes de emisión diurna son señales emitidas con función reproductiva, del mismo modo que se emiten feromonas animales de función sexual que van inundando el aire que respiramos. Toda esta orgía natural química y física que nos rodea y penetra, es la gran pregunta de los naturalistas: ¿por qué el sexo? Porque muy bien se podría seguir la estrategia asexual como tantas plantas y animales han preservado, y sin embargo hasta en los organismos unicelulares se busca la disposición sexual lo que enseña que la reproducción asexual es siempre secundaria. La elección de esta estrategia es debida a que la formación del organismo de células sexuales, permite un reconocimiento de la vida consigo misma: las estructuras sexuales son el modo en que la vida tiene de reencontrarse luego de haberse segregado a sí misma en individuos aislados, y en esa reunión, la materia viva genera la información que necesita para ajustarse, para recalibrarse con su entorno y consigo misma en sus propios cambios.

En los seres humanos, este fenómeno alcanza su plenitud en la psicología del amor, y, de hecho, es en él donde la vida también alcanza la plenitud existencial. En un sentido no muy elíptico y dado que la materia que está viva pertenece al planeta que la generó, debemos tratar de entender que es el planeta en sí mismo el que está amando... Medio planeta, a decir verdad, ya que la otra mitad está entrando en su otoño. Y sin embargo, esta alternancia también sirve a la vida y a la Tierra en general para generar información sobre sus relaciones astronómicas, con todo aquello que está en el espacio y que la rodea. Haciendo prescindencia de las áreas intertropicales -que son áreas de transición entre primavera y otoño-, la tierra está viviendo algo que para nosotros es imposible experimentar: la juventud renovada y el envejecimiento progresivo simultáneos. La tierra, viviendo, sintiendo y amando en nosotros; nace, muere, se alegra y llora; es al mismo tiempo el feroz cazador y la asustada presa... La Tierra no contiene la vida, ES la vida. Y lo es así como también es el mar, la montaña o la atmósfera. Es igualmente, el yo de cada uno de nosotros y todos los "yos" del mundo, los que son y los que han sido. Es el conjunto de sentimientos, de pasiones y de rencores que han hecho al Hombre de todos los tiempos, desde el cavernícola al astronauta. Es su arte, su esperanza, sus fracasos y egolatrías, así como es la oscuridad del topo, el silencio de la bacteria o la perspectiva del águila. Es la jirafa que se aburre en el zoológico, el feroz dinosaurio que aun ruge en las selvas del Jurásico o la orquídea que se marchita en una selvática noche de Borneo. Toda esa totalidad es quizás la idea más cercana a la de un dios que una Ecología osada podría tratar de generar, pero que aún no se atreve a hacerlo...

Todavía sigue preocupada por el destino de las pilas o por el de los pingüinos empetrolados, sin ver la verdadera dimensión de un pensamiento verdaderamente ecológico. Este tipo de concepción requiere de una disposición espiritual antes que intelectual y de un cambio en el paradigma científico así como un cambio generalizado de mitos en la Humanidad... Nuevas formas de contarse el cuento de la vida. Entender que sólo el amor es lo que nos trajo a este banquete y es lo único que pedimos llevarnos al morir. Entender que vivir es formar parte de un discurso que no nos pertenece, sino que nos dice. Que nuestras palabras, así como nuestros silencios, son el mensaje de un orden superior que lleva millones de años diciéndose en forma implacable. Llámese Dios o Ecosistema (en este contexto es lo mismo) la Ecología debería ser el discurso de la totalidad y la Tierra, como vimos, habla ese discurso. Nosotros, en cambio, sólo podemos decir la parte que nuestros mezquinos "yo" toman como centro de lo existente.

Humildad es quizás la mejor receta para sobrevivir en el mundo. Humildad, de "humus", tierra. Volver a la Tierra será una saludable forma de recordar cómo son las cosas en verdad. Humildad y también, porqué no, poética, ya que ambas son las dos mejores formas de recordar lo que al final es el Hombre: sólo un pequeño y deleznable terrón de poesía...

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