Botnia y la ecología del acuífero Guaraní
Escrito por Horacio Ramírez   

Según se desprende de estudios lingüísticos recientes, el guaranítico es un grupo idiomático emparentado con el japonés hacia adelante en el tiempo y con el paleosemítico hacia atrás, por lo que se deduce su segura ascendencia asiática, estrictamente, hebrea. Como sea, el idioma aparece en nombres que se esparcen por la América atlántica, incluso muy al norte. En efecto: palabras como Caracas, Guantánamo, Ticonderoga o barbacoa, son de origen Guaraní. Y la parte 'i' de nombres como 'paragua-i', 'urugua-i' o 'i-guazú', quiere decir, precisamente, agua. Y esto no es de extrañar: los ambientes del oriente americano están plagados de enormes ríos y esteros y los subsecuentes ecosistemas de selva. Si bien el principal suministro hídrico lo constituyen los vientos impulsados por el anticiclón del Atlántico sur, que descarga agua hasta en las regiones andinas, como en el caso de las selvas de las Yungas, es el sustrato rocoso el encargado de que toda esa agua no se pierda sin ser aprovechada. La forma más extendida de reserva la constituyen los acuíferos: capas porosas de roca capaces de almacenar, filtrar y liberar agua. La capa de roca (o estrato) contiene muchos poros que, cuando se conectan, forman una red que permite el movimiento del agua a través de la roca. Uno de los sistemas acuíferos más grandes de la Tierra lo constituye el Guaraní, entre las cuencas de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay, con una superficie mínima de 1.194.000 Km2. El 70% le corresponde a Brasil, el 19% a la Argentina; el 6% a Paraguay y el 5% restante a Uruguay. De todos modos, se desconoce su alcance total, al punto que se ignora cuál es el extremo occidental de la reserva en Paraguay y la Argentina, donde estiman que llega más allá de la laguna de Mar Chiquita, el mar interior de la Argentina. Incluso se especula con que el acuífero Guaraní podría llegar por el sur, hasta los grandes lagos cordilleranos argentinos, entrelazándose a diversas profundidades con el acuífero pampeano, el puelche, etc.

De hecho, sus dimensiones son fabulosas: supera en tamaño a España, Francia y Portugal juntas, con un volumen de 55 mil kilómetros cúbicos, donde cada kilómetro cúbico equivale a un billón de litros de agua. Hasta donde hoy se sabe, podría abastecer a unos 720 millones de personas a razón de 300 litros por habitante y por día, sin agotarse.

El miedo popular, rayano con la llamada 'mitología urbana', de que los extranjeros miran con codicia ecológica este verdadero océano subterráneo, no es gratuito: de los 1,4 miles de millones de km3 de agua que hay en el planeta, sólo el 2,5% corresponde a agua dulce. Además, América, con el 12% de la población, contiene el 47% de las reservas de agua potable del mundo. En Europa, sólo 5 de sus 55 grandes ríos no está contaminado del todo, y desde que los organismos internacionales determinaron que el agua potable puede ser considerada mercancía regida por las leyes de la Organización Mundial de Comercio, y no un derecho humano, su embotellamiento -mercado de 800 mil millones de dólares anuales, más cuantioso que el de los fármacos- es un factor económico de primer orden que ya ha desatado diversos fantasmas, entre ellos el de la guerra por recursos hídricos y el de la privatización progresiva de vastos territorios en diversas zonas del país.

En este contexto, no es tampoco de extrañar que los grandes emprendimientos comerciales extranjeros no se preocupen por la inversión en procesos de purificación de efluentes industriales. En el caso específico de las papeleras uruguayas, dijimos desde estas mismas líneas que la fábrica se iba a terminar y que invariablemente va a contaminar. Dijimos que se mueve demasiado dinero como para que una economía siempre necesitada de inversiones como la del Uruguay, rechazara la oportunidad. Y también sostuvimos que el perfil político oficial del reclamo argentino se hace ecologista a fuerza de haber quedado fuera del negocio ("Etimológicas a orillas del Uruguay", en La Voz del Pueblo del 3 de mayo del '07). Y ahora se terminó la finlandesa Botnia, y sus desechos se volcarán a la margen oriental del río Uruguay, por donde se desarrolla toda un área de humedales que recargan el acuífero. En verdad, nadie esperaba que este proceso pudiera haberse detenido una vez que Tabaré Vázquez dio el úcase para que el emprendimiento siguiera. En este mismo sentido, en el documento Santa Fe IV, preparado por un influyente grupo del Partido Republicano en el 2000, a finales del gobierno de Bill Clinton, se planteaban los principales elementos geoestratégicos para la seguridad nacional de EE.UU. en el siglo XXI. Uno era garantizar "que los países del hemisferio no sean hostiles a nuestras preocupaciones de seguridad nacional". El problema, como se ve, no es tanto el exceso de celo norteamericano como el defecto legal e instrumental legal de nuestra parte. Los EE.UU. saben que sus recursos de agua dulce están altamente deteriorados. Así, luego de que gran cantidad de agrotóxicos fueran vertidos por años al suelo y que de ahí percolaran al gigantesco acuífero de Ogallala, que se extiende por 8 estados desde Dakota del Sur hasta Texas, determinó que su mirada se extendiera hacia América Latina. Por eso, en ese mismo documento, en el que escribieran ex asesores de Ronald Reagan y George Bush senior, se sostiene que es prioritario que los países que albergan al acuífero Guaraní "promulguen legislaciones que lo protejan como patrimonio de esas naciones" y agregaba que EE.UU. debía asegurarse "que los recursos naturales del hemisferio estén disponibles para responder a nuestras prioridades nacionales". Para colmo de "males", el cambio climático que se perfila para los próximos años establece un muy probable incremento de las lluvias en la extensa zona de recarga del acuífero, lo que asegura su abastecimiento e incluso su agrandamiento.

Países ricos con legislaciones pobres: tal parece ser el sino de los países americanos y europeos en materia de ecología. Protestar ahora no sirve de nada, lo que hay que hacer es conseguir que nuestros políticos se dediquen a desarrollar un proyecto de Nación y con él, el paquete legal que reasegure un futuro viable, es decir: vivible... Porque, en definitiva, de lo que se trata es de garantizar la calidad de vida de todos los habitantes del país para las generaciones que vienen.