| Biocombustibles y conciencia ambiental |
| Escrito por Horacio Ramírez |
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A primera vista, el título del trabajo pareciera hacer referencia a dos elementos emparentados positivamente. Cuando se ven derrames descontrolados de petróleo, de radiación o de conductos cloacales, a la escala que fuera, se genera siempre la misma sensación de desagrado estético, de pena e impotencia. Se nos bombardea, al mismo tiempo, con mensajes tendientes a proteger el ambiente y se nos incita a colaborar con instituciones nacionales e internacionales que trabajan para proteger ese ambiente. El primer recurso al que se suele apelar es el de "tomar conciencia" del riesgo ambiental. Este argumento, sin embargo, encierra algunos aspectos oscuros... Hagamos un poco de prehistoria: la aparición del Hombre trajo consigo la tecnología. Esto sólo lo pudo realizar el Hombre: utilizar herramientas para fabricar herramientas. Ningún animal ha sido capaz de esta altura de abstracción lógica. Y es por eso que es el Hombre el único ser capaz de domeñar el fuego, primer artilugio tecnológico que marcó la diferencia de base en la relación entre los organismos vivos y el ecosistema que los incluía. La aparición de este nivel de abstracción marcó un camino sin retorno: la aparición de la conciencia de sí, el famoso 'yo' que ningún animal posee. Este 'yo', y por primera vez en la Tierra, determinó que el Universo -que contiene nuestro planeta- fuera capaz no sólo de vivir -con las plantas-, de sentir -con los animales- y de entenderse -con el Hombre- sino que desarrolló la capacidad de "torcer" el destino evolutivo del ecosistema que lo mantiene vivo. Al tratarse de dos mundos incompatibles, la conciencia de sí -o sencillamente, la conciencia- desarrolló una existencia separada del entorno. Y mientras éste se guía por una lógica cosmológica -la misma razón que anima a todo el Universo-, el yo -y su apetito sistémico de supervivencia- se las tiene que arreglar con su única herramienta lógica: la conciencia. Ahora bien: la conciencia no es más que una traducción -a un lenguaje más o menos racional- de un medio arracional, de un ambiente al que no le interesa ningún silogismo ni ley física ni construcción humana alguna: fueron millones de años en que los sistemas vivientes se mantuvieron existiendo en una plenitud absoluta. Aun cuando le cayeran meteoritos gigantes o le ocurrieran glaciaciones: el sistema se mantuvo. Se pudo haber replegado quizás hasta el borde de la inexistencia, pero siempre sobreviviría el Universo, de carácter sistémico, en forma de estrellas, galaxias o mares de neutrinos que es quien contiene a los meteoritos y a las glaciaciones. De modo que la conciencia no sólo queda aislada sino que está en la mira de todos los metasistemas que la envuelven y la evalúan en forma constante. De esta manera, la conciencia se exhibe a sí misma como un recurso de baja capacidad sistémica -lo que los psicólogos llamarán 'la madre de todas las neurosis'-. Esta incapacidad nace de la limitación lógica que tiene la conciencia, dado que le es imposible a la conciencia "tomar conciencia" de aquello que la contiene y determina: es una simple relación parte - todo. Así, cuando se quiere promover una "toma de conciencia" en materia ambiental, hay que pensar que el desastre ambiental en el que vivimos -que siempre es mayor que lo que imaginamos, por la misma limitación-, determinaría una agudización del problema... Porque el problema no está en el ambiente sino que está en la conciencia: si al problema que causó la conciencia tratamos de agregarle más conciencia, lo que haremos es aumentar la capacidad de error y nuestro riesgo ambiental crecerá. En los '60 era la "Revolución Verde" promovida desde los Estados Unidos. Hoy, gran parte de la deuda externa histórica de México -y gran parte de su pobreza endémica- tiene a la "Revolución Verde" como causal directa. Cuando se la aplicó en la India "para solucionar problemas de desnutrición e inequidad social", terminó -con la compra de maquinaria y agroquímicos- destruyendo los delicados ecosistemas de las cuencas del Indo y del Ganges, nacidos de una agricultura milenaria de bajo impacto, y obligó a las castas inferiores a tener que vender sus exiguos lotes para saldar sus deudas con las superiores, lo que profundizó la inequidad social y las hambrunas... Es que cuando la conciencia quiere "proteger" y "mejorar" lo que es perfecto -más allá de razones teológicas- sólo amplifica el error inicial que es la conciencia en sí misma. Ahora se han puesto de moda los biocombustibles. Allá por fines de los '70 y comienzos de los '80, Brasil ya experimentaba con el bioetanol de caña de azúcar. No es una instancia nueva. Lo que es nueva es la planificación que hace que los biocombustibles sean ahora -y no en los '80- material de estudio intensivo y propaganda. No es una simple cuestión de tiempos tecnológicos: es la aplicación de un propósito de la conciencia. Básicamente, se trata forzar los ecosistemas de naciones emergentes -cuyo estadío de supervivencia ecológica está resentido y no bien evaluado-, para sostener un régimen de consumo que debe ser mantenido intacto en los países centrales. Praxis maquiavélica: cambiar una variable para que todo siga igual... Y como todo cambio implica un costo material y energético, la idea es que lo paguen aquellas naciones que no pertenecen al grupo de los vendedores de paradigmas... Término que encierra más mentira que verdad: los paradigmas pertenecen -en materia tecnológica- al límite de nuestra conciencia con el continuo natural, de modo que nunca podemos ser concientes de los cambios de paradigma, basta leer a Kuhn o a Popper para entender su dinámica. Podremos "torcer" los destinos del entorno hasta obligarlo a deshacer camino y dejarnos afuera de la vida por la vía de la extinción, pero nunca podremos hacer que el medio se contradiga: en la Naturaleza no existe el "No", sólo aparece como instrumento central del funcionamiento de la conciencia, justamente para dar origen al 'yo' por medio de la negación del entorno, lo que constituye su clave antiecológica. De modo y manera que la conciencia de nosotros mismos jamás podrá, por definición, aportar más que un vacío lógico, el que no podrá dejar de significar en el entorno más que una traba para su dinámica natural. Si queremos ayudar a la Naturaleza, el ideal inalcanzable deberá ser la absoluta prescindencia: ni fomentar una conciencia que ya ha causado demasiados estragos, ni comprar "paradigmas" baratos que son sólo versiones perfeccionadas del mismo error inicial. |