Aspectos fundamentales de una ecología racional - Parte IV
Escrito por Rodrigo   

Ser responsables éticos y estéticos de la realidad impone serias barreras lógicas a las que no estamos siempre dispuestos a entender, pero no porque sea difícil sino porque nos movilizamos más por la costumbre y la comodidad. Es cómodo seguir la costumbre, a pesar de lo mal que nos vaya con tal costumbre. Uno de los vicios más frecuentes -dado, precisamente por la costumbre- es el de creer ciegamente en la conciencia. Sabemos que usamos un porcentaje exiguo de nuestra capacidad funcional cerebral, y lo primero que pensamos es ¡qué podríamos lograr si usáramos más cerebro!.

Primero: la mente no está en el cerebro. La mente es un todo que abarca más allá, incluso, de la realidad. El cerebro padece lo que podríamos llamar ‘peso estructural’ de un sistema: en la estructura de un sistema, gran parte del peso (la ‘responsabilidad’ diríamos) del sistema pasa por el cerebro, pero la mente no está en el sistema… Y de acuerdo a lo dicho en las anteriores notas, en verdad la mente no es una cosa propiamente dicha, es antes bien, un sistema de relaciones. Es como la realidad, pero en el caso de la mente, la realidad queda incluida en la mente. Y la mente, entonces -al abarcar a la realidad- incluye también al entorno del ‘dueño’ de la mente. Es por eso que G. Bateson llamó a la mente unidad Eco-mental. Una unidad Eco-mental hace del todo que incluye a la realidad, una unidad -como si empezara a ser una cosa- que se distribuye entre organismo y entorno. Así, la mente (que se entiende como una cosa -necesitamos de cosas para que nuestra mente trabaje-), vuelve a disgregarse en un entorno más amplio que la contiene y justifica. La Ecología de la Mente va necesariamente más allá de sus propios ‘límites’. Todo en un ecosistema, está constituido no por límites (las cosas son las que tienen límites) sino por fronteras, y por esas fronteras, por los espacios de comunicación -por las relaciones-, las ‘entidades’, las cosas, se extienden por la totalidad del sistema.

Como para ir terminando: el concepto de unidad ecomental implica una idea de ‘mente’ que no es coincidente con el cerebro. Ni siquiera es coincidente con el cuerpo. Una unidad ecomental es un ‘algo’ que se disuelve en instancias más y más abarcativas. Si sentimos que la realidad se nos escapa de las manos y nos van quedando abstracciones en lugar de cosas para estudiar, sepamos, primero que existe desde hace años toda una teoría ecológica que intenta formular de manera ‘concreta’ estas abstracciones. Y también sepamos que esta realidad que parece escapársenos de las manos, en verdad lo está haciendo: nos está abandonando y nos está dejando con un ‘yo’ escuálido, esmirriado, semidesnudo en medio de la autopista del Cosmos. No se asuste: primero sepa que es muy difícil respetar el ordenamiento ecológico planteado. Se lo podrá conocer pero difícilmente respetar, de modo que su ‘yo’ recuperará las riendas de la realidad enseguida y también enseguida creerá que sabe algo al respecto. No entenderá nada de lo que hemos dicho hasta ahora. El ‘yo’ sigue pensando en cosas: es su cruz. Y nos convence -convence a ese mismo yo: ese es su hábito en tanto que ‘yo’: todo lo hace desde y para él-, y nos convence de que ha entendido lo dicho hasta ahora, de que controla las variables, de que sabe tal o cual cosa... Y otra vez la mula al trigo: el ‘yo’ no sabe decir ni hacer otra cosa que creer en cosas. Por eso, en esa religión narcisista, el ‘yo’ queda dando vueltas alrededor de sí mismo... creyendo que esto es posible. Y por eso decimos que no se haga problemas: desde la razón o la ciencia jamás podrá entender nada de lo que hemos dicho en estas notas. Para entender algo de esto conviene hacerse místico o artista: son los únicos que hacen cosas pensando en el ‘tu’ y no en el yo.

Mientras tanto, siga pensando en que hay que ayudar a la Naturaleza (¡Como si la Naturaleza precisara ayuda! ¡Por Dios!); sigamos pensando en proteger a las ballenas o en reciclar para seguir produciendo más basura. ¿Puede alguien pensar no en reciclar latas de gaseosa sino en dejar de producirlas? ¡Ah, no! Negocios son negocios.

Lo que hay que hacer -permítame darle una receta- lo que hay que hacer es ser los mejores en aquello que somos. No queramos ser seres naturales porque no lo somos. Ya hemos visto en esta saga de notas que no podemos entender lo que es ser natural, que todo es cuestión de abandonarse a una mágica intuición rayana en lo artístico y en lo religioso. Seamos lo que somos: seres culturales… Y seamos los mejores en esto. Es aceptar nuestra naturaleza.