| Aspectos fundamentales de una ecología racional - Parte III |
| Escrito por Horacio Ramirez |
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Lo que quizás convendría señalar antes de seguir, es la particular naturaleza de nuestra relación con el entorno; nuestra particular ecología. Tal como empezamos a decir más arriba, la realidad es un sistema. Esto significa que lo que llamamos realidad es la resultante de la interacción, de la relación, entre el observador y lo observado. En este sentido, H. B. Lahitte llamó a ambos términos de la relación ‘sujeto de la observación” y “referente de observación’. Así, este autor platense destaca el rol equivalente en importancia a la hora de formar la realidad por parte de ambos términos. O, dicho en términos de la paradoja mencionada más arriba: no existen los términos sino la relación entre los términos. De esta forma, tanto el sujeto como el objeto son un par complementario del tipo R(S/O), donde la Realidad depende del par Sujeto de la Observación y Objeto de la Observación. Sin ánimo de seguir hacia una teoría gnoseológica, me gustaría destacar otra cuestión ahora, más importante. Si el observador elige las variables del medio a partir de las cuales crea la ‘cosa’ que conoce; las cosas que conoce son consecuencia de esta elección. Entonces podemos pensar esta secuencia: la elección viene de elegir; elegir del latín ‘legere’ (leer); y de elegir deriva elegancia. En pocas palabras: la elección es un gesto estético, es la resultante de nuestra elegancia a la hora de elegir: yo elijo las variables del medio que me gustan. Por simple transición, se concluye que una relación de conocimiento es un tipo de relación con el entorno y por ello es ecológica. Y como la esencia de esta particular ecología nuestra es una cuestión de gustos, el conocimiento es un gesto estético. O sea que una teoría ecológica debe ser a la vez una teoría estética. Segunda cuestión: si reconozco mi participación activa como elector de variables ambientales, soy responsable directo de lo que elegí. Entonces, lo que yo elijo determina una disposición ética frente a la realidad que produje. O, dicho de otra manera, la realidad deriva hacia una determinada ética. Así, el conocimiento como relación ecológica hace de nuestra ecología un conflicto ético. Estas dos observaciones tienen consecuencias muy importantes. Si la ecología es una cuestión tanto estética como ética, entonces la realidad es enteramente nuestra responsabilidad. Ya no se trata de algo que está solamente ahí -ni como lo quería Marx ni como lo quería Heidegger-, sino que está ahí con nosotros. Lo que decimos del mundo nos vuelve partícipes necesarios del mundo. Y si nombramos a Marx y a Heidegger, es porque el mundo no está ahí como objeto independiente al que podemos manipular o sobre el que podemos arrojarnos como un ‘Dasein’ más. No. En el par complementario mencionado R(S/O), la realidad necesita tanto del mundo como de nosotros para ser realidad. Primera consecuencia de importancia: si la realidad es una cuestión estética, es una cuestión de libertad. Si creemos que el mundo es como es y no podemos hacer nada para cambiarlo, más allá de ver nuestros intereses y ver cómo podemos modificar ‘lo que nos rodea’ para satisfacer estos intereses, entonces siempre estaremos en el medio de problemas ambientales. El entorno, en lugar de ser el sitio donde nos constituimos es un sitio donde no estamos y podemos elegir estar o no estar. Una ecología racional exige entender que esto no es posible. Exige entender que siempre estamos en la realidad y que por lo tanto no tiene sentido ni intervenir en los procesos ambientales ni dejar que “la Naturaleza siga su curso”. Nosotros no somos entidades de existencia aparte de la Naturaleza. La mentira psicológica del ‘yo’ no nos debe hacer creer que somos compartimentos aislados. Claro que tampoco podemos llegar a afirmar cuestiones irracionales del tipo: “El Hombre y la Naturaleza son una unidad”. Si somos una unidad ¿por qué empezamos mencionando dos términos separados? ¿Qué clase de unidad seremos si de entrada ya nos consideramos dos entidades que pueden ser mencionadas en forma separada? Tal el sentido que tiene buscar esa notación de pares complementarios: si bien por la codificación guestáltica no podemos dejar de ver cosas, comprendamos que esas cosas deben ser entendidas como si no existieran, que lo que existen son las relaciones entre esas cosas. En otras palabras: nuestra relación con el entorno necesita de una actitud antes que de un concepto. Necesita de una predisposición -una intuición- antes que de un sesudo análisis: cualquier análisis, por más sesudo que fuera, siempre va a ser una niñería frente a lo absoluto, frente a aquello que es una síntesis total, la que, encima, nos contiene a nosotros. El sentir sintético -la intuición estética- es un saludable intento de comenzar desde el todo y no desde la parte. Nada podemos decir del entorno que no lo digamos de nosotros mismos. Si la realidad no nos gusta, los responsables estéticos de la realidad somos nosotros. Si la realidad es injusta, los responsables éticos de la realidad somos nosotros. Somos los responsables de la realidad. En la próxima, la seguimos… |