| Copetonas Reta Pesca Club: una familia, una historia |
| Escrito por Fernanda Aristegui | |
| Miércoles, 07 de Enero de 2009 09:43 | |
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En el año 1970, mas precisamente un 22 de junio, una familia proveniente de Copetonas, compuesta por papá Rául, mamá Nelly y dos hijos de 2 y 5 años (Raúl y Daniel), llegan a Balneario Reta, tras sentirse en la obligación de vender el campo que habían heredado de los padres, a raíz de que el gobierno por aquella época les expropio parte de las tierras al cruzar por el medio la ruta que llevaría asfalto hasta el pueblo de Copetonas. Luego de trabajar un tiempo en Copetonas “Por Tanto” (como se decía en aquella época), y al ver que esto no rendía, deciden probar suerte en otro lugar. Es así que se enteran que en el balneario sale a licitación un lugar llamado "Copetonas Reta Pesca Club", con tanta suerte que ganan la oferta y se radican en aquel lugar. Comienzan a trabajar en este lugar donde existía “el único teléfono del balneario” y una única cabina donde poder comunicarse. El sistema consistía en llamar aun operador (en Copetonas) por medio de un teléfono a manija. Se le daba el número con el que la persona se quería comunicar, y a partir de ahí se le decía la demora que iba a tener la llamada. La persona se retiraba con un papelito y a la hora en que se le decía que iba a estar la llamada, volvía. Si no estaba allí a la hora indicada perdía el turno y debía volver a hacer la cola. Luego volvían a llamar desde Copetonas y se le pasaba la llamada a la cabina por intermedio de una palanquita que comunicaba ambos teléfonos. En esa época había demoras de varias horas en las llamadas de larga distancia.
Se celebraban allí también bailes de carnaval, elección de la reina, fiestas del aniversario del pueblo, campeonatos de truco, cenas de fin de año, navidad, las famosas veladas de fin de curso de la escuela nº 34 Dinamarca donde se reunía todo el pueblo y no alcanzaban las sillas y mesas para albergar a todos. Con el pasar de tiempo, vinieron dos hijos más (Pablo y María Fernanda), que ayudaban en la labor diaria. Existía también un bar, atendido por Raúl, donde la gente tomaba una bebida de pie en el mostrador mientras compartían jugadas de generala y Yule (un juego supuestamente dinamarqués). Acá les dejo una dirección (http://www.youtube.com/watch?v=cLHI-ahNrwM) que encontré de casualidad, en la que dinamarqueses de Reta cuentan como jugar a este juego. Este club, también era la terminal de colectivo, donde se recibían y enviaban encomiendas. Servia a su vez de una especie de oficina de turismo, ya que la gente llamaba allí para averiguar precios y poder alquilar, y así se corría hasta los distintos lugares para llevar los mensajes. Había un servicio de lave rap, donde se enviaba la ropa a lavar a tres arroyos. En aquel club se encontraba la corvina negra de 48 kilos que es un record Guinness, ubicada en una vitrina gigante, donde gente de todos lados la podía apreciar. En una de las imágenes se puede apreciar a mi papá y yo y detrás puede verse la vitrina. Después de treinta y ocho años, Reta fue creciendo de a poco y llego la tecnología. Locutorios con cabinas modernas, y nuevos negocios y lugares para comer, entonces la gente dejo de ir. El negocio no rendía y por motivos que no vienen al caso, dejaron el club para instalarse en la vivienda ubicada en calle 50 entre 25 y 27, que ocupan algunos de los familiares hoy en día. Mariana de Leo (administradora del Camping Martin Reta) le escribió una carta muy linda y conmovedora a Raúl, de aquellos momentos en el club:
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