El espejo del periodismo

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Mariano Moreno

En el Día del Periodista -

Ni el periodismo ni cada periodista pueden prescindir de todos los condicionamientos que tiene cualquier actividad humana. La prescindencia es imposible: existe en cada periodista una visión de la realidad, una perspectiva, un proyecto, una historia que marca una tendencia. La pretendida búsqueda de la objetividad es, desde un punto de vista epistemológico, algo imposible. Los periodistas son sujetos y como tales generan noticias que son reflejo de su perspicacia, su tendencia ideológica, su sensibilidad… Y en cuanto al medio físico, dependerá de los flujos económicos, lo que le da, necesariamente, otro enlace con la realidad social no menos importante.

Y esto no está mal. Es más: es absolutamente deseable. Sin objetividades ni prescindencias, tenemos en el periodismo una actividad humana, con todos los bemoles y glorias que se espera de un ser humano. De esta forma, periodismo y periodistas generan un espacio siempre nuevo, en el cual circulan referencias a hechos, los cuales podrán ser más o menos periféricos respecto de las mentes humanas que han elegido hablar de ellos. Así, el periodismo se vuelve un circuito de ampliación y amplificación social. Un espacio de enriquecimiento. Pero también es una superficie en la que se reflejan las características de la sociedad donde el periodismo funciona. De esta manera, el periodismo como amplificador, potencia las virtudes sociales. Los consumidores de los distintos medios podrán descubrirse y reconocerse en ellos y podrán co-construir su realidad pública y privada teniendo en el periodismo una herramienta de comprensión muy eficaz.

Pero también el periodismo y sus periodistas reflejarán las taras sociales: esto es igualmente imposible de evitar. Ante un público masificado, ávido de violencia y superficialidad, el periodismo como negocio fomentará -amplificará-  esta vertiente. Y si la sociedad está dividida desde, pongamos por caso, la política, también él caerá en esta división. Tanto el extremo de la superficialidad como el de la incisión profunda en lo ideológico no son deseables, porque reflejan a sectores improductivos culturalmente, en una comunidad que toman las riendas inútilmente de ese espacio de crecimiento social. No obstante, siempre es preferible que el mal periodismo del tipo que fuera -el amarillista y el politizado de uno u otro signo- conviva con el bueno… Y definir a algo como ‘buen’ periodismo no debe asustar a quienes temen a cualquier forma de autoritarismo que nos diga qué es bueno o malo: la autoridad para tal decisión nacerá de la propia sociedad leyendo sus diarios o escuchando sus noticieros, aprendiendo de sí mismos en el espacio que genera el propio periodismo para que este fenómeno de autoconstrucción sea posible. Es nada más que tener confianza en el ser humano y apostar a que será capaz de construirse y apostar a un periodismo capaz de generar ese espacio… y de pulir ese espejo -que se viene construyendo desde Mariano Moreno- en el cual los argentinos deberemos ver nuestro mejor rostro.

Horacio Ramírez.-

Oriundo de Bernal -partido de Quilmes, vive con su familia desde hace 8 años en la Quinta Yapeyú, en Reta. Artista plástico, poeta y periodista, escribe en La Voz del Pueblo de Tres Arroyos. Autor de tres libros de poesía y cuentos -en ediciones personales-, presentó sus pinturas -dibujos, óleos, acuarelas e imágenes digitales- en varias exposiciones en Reta y Tres Arroyos, así como en el Gran Buenos Aires. Expuso sobre Filosofía del Poder en el Complejo Gral. San Martín de Bs. As. y sobre Ecología Informacional, Teoría del Comportamiento y Cibernética en el Aula Magna del Museo de La Plata, invitado por la Cátedra de Etnografía. Recientemente premiado en un concurso de poesía de Baradero, actualmente escribe poesía y prepara sus próximas muestras de arte digital y fotografía.

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