| Con la marca de Caín (en el día de la Agricultura) |
| Escrito por Horacio Ramírez |
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Como es sabido, los antiguos griegos dividían la zoé de la bios, es decir: la zoé era la vida misma y la bios hace referencia a la forma de esa vida. De esta manera, la zoé se relaciona con el oikós o sea: la casa, el ámbito de la vida privada; mientras que la bios lo hace con la polis o vida pública, civilizada, social. Para numerosos autores, la decadencia posmoderna de la política está basada en el hecho de que la política pasó del ámbito de la bios al ámbito de la zoé: pasó de ser un instrumento de la vida pública para transformarse en una herramienta de control sobre la vida de las personas. En este sentido, Foucault, es quien introduce los términos de biopolítica y biopoder a la intromisión, para la formación de los Estados modernos, en la vida "biológica" de las personas. Con estos conceptos se llega a las delicadas fronteras entre el yo como metáfora de lo biológico, de la vida personal, y la soberanía de los Estados. Una forma clara de ver cómo la política abordó la zoé está en la manera en que el Estado decide sobre la vida de las personas en temas cruciales como lo es la libertad individual dentro del territorio y hacia el exterior; la detención por razones políticas; los campos de concentración y exterminio o la política alimentaria, energética, etc. Esta zona fronteriza entre la mera biología y la sociabilidad de las personas, determina la relación del individuo con el Estado y abre las puertas a diferentes formas totalitarias: abusos que pueden generarse en ámbitos democráticos. En el Día de la Agricultura, podemos recordar el primer conflicto de la condición humana, de carácter semimítico que marca a Occidente: la ofrenda "agradable a Jehová" de carne por parte de Abel y la "desagradable a Jehová" de frutos de la tierra, por parte de Caín. Esto simboliza el enfrentamiento entre el Hombre inocente, nómada y original y el Hombre sedentario, que se dedica a la agricultura y, consecuentemente, a la cría de animales y que perdió la inocencia original para adentrarse en el mundo de la civilización. Con Caín vendrían las aldeas, las ciudades, la civilización, lo imperios, los Estados. Esta relación entre inocencia -Naturaleza- y estado caído -Cultura-, es la misma que existe entre la zoé y la bios. Cuando el político abandona el ámbito de la polis para no sólo controlar las relaciones sociales sino también a comenzar a decidir quién vive y quién no, desarrolla el totalitarismo en alguna de sus formas. Sin embargo, la forma ruda de un campo de exterminio nazi, no nos debe hacer olvidar las sutilezas con las que el totalitarismo invade lo humano. Así, un campo sembrado con soja transgénica para soportar uno de los agrotóxicos más poderosos, el glifosato, es un avance de intereses privados sobre la vida de las personas (directamente por intoxicación o indirectamente, por destrucción ambiental) que requiere de un poder político que lo permita, decidiendo acerca de la sobrevida del ecosistema y de las personas que en él habitan. Las técnicas modernas de cultivo, que rinden pingües ganancias a ciertos sectores que retroalimentan al Estado, no han sido debidamente consideradas a futuro. No existe conocimiento cabal acerca de la evolución de los suelos; no existe conocimiento cabal de la evolución de ningún agroecosistema; no existe, en definitiva, ningún control a futuro sobre ninguna de estas técnicas de explotación que nos asegure la supervivencia: deciden sobre nuestra vida. El poder es ciego a la sutileza del contexto. La ecología es una ciencia "simpática" que apenas mueve la superficie mediática de los poderes económicos, los cuales toman decisiones mentirosas que tranquilizan por algunos años a la opinión pública. Y hacemos referencia a las grandes mentiras distractivas del "agujero de ozono" y, más recientemente -y por los mismos autores intelectuales- el cuento del "calentamiento global". Hoy la muerte está a un paso en los campos de Tres Arroyos, en los de la provincia y en los vastos terrenos sometidos a desertización y sojización transgénica en todo el país. Deforestación, sobreexplotación, envenenamiento y desertización: son algunas de las palabras que tienen que acompañar a la palabra agricultura. La marca de Caín no nos abandonará jamás. |