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Toda economía se basa en dos formas lógicas: la del cambio, o economía privada, y la lógica que obliga, que es la forma que toma para sí un Estado o lógica de regulación. A su vez, la lógica de regulación adquiere dos dimensiones: la coyuntural, que busca crecimientos equilibrados sin inflación ni conflicto gremial permanente; y la dimensión estructural, que busca compatibilizar la economía nacional con la dinámica política en pro de un orden interior y una independencia exterior. Entre ambas dimensiones, se espera que la economía nacional regulatoria genere un marco de orden social, con lazos de solidaridad entre individuos no estadísticos, es decir, reales.
A este planteo tan prolijo, le sucede una degradación hija de una realidad siempre más compleja que la verdad de cualquier "realidad teórica" -valga el oxímoron- que se plantee desde una administración. Así, a la regulación coyuntural le sucede la política de control y a la regulación estructural, le sucede la inflación administrativa. La mayor o menor plasticidad del gobierno, su mayor o menor sensibilidad para con la realidad, oficiará de moderador para esta clase de excesos. A su vez, se entiende como 'sensibilidad' de gobierno, a su capacidad de postergar el interés de poder político frente a la a la fuerza de los hechos, es decir: frente al interés nacional.
En un primer descenso de análisis, a la dimensión nacional, asistimos a un caso de extrema inflación administrativa, como principal vicio de nuestro gobierno actual. La administración Kirchner nunca desarrolló sensibilidad de gobierno: jamás pudo postergar el interés político -por vía del dinero- a la realidad nacional. Todo les resulta válido para asegurar la base de disponibilidad de recursos y reasegurar así el control político.
El gobierno no ignora los valores de la realidad -sabe sumar y restar- pero su política de control en manos de Guillermo Moreno, es tan desprolija como desconcertante porque aún el control como vicio de gobierno se apoya en la inflación administrativa como vía de ejecución. Esta inflación administrativa, sin embargo, no se manifiesta como exceso burocrático. Antes bien, se muestra como una fuerza excesiva -inflada- que lleva al gobierno a chocar prácticamente en todos los frentes. Un gobierno puede ajustarse más o menos inteligentemente a la realidad y hacerse presente en la vida pública de un modo armónico, o insertarse en la sociedad como lo hace una piedra en el zapato. Es evidente que las diferencias entre ambas estrategias definen, a su vez, las estrategias de la derecha y la izquierda. Y es evidente también, que el gobierno ha optado por la izquierda no por convicción ideológica, sino porque es la que más le asegura el poder. Esta presencia excesiva del gobierno a cada paso de la vida nacional, lo lleva a escribir el diario de Irigoyen al revés, tratando de 'vendérselo' a la sociedad, vía INDEC, por ejemplo. Claro está que nadie lo compra, pero poco importa: el principio goebbeliano del "miente, miente que algo siempre queda" como el maquiavélico del "miente que siempre hay quien quiera que le mientan", siguen siendo vigentes.
Y bajando a un segundo nivel de enfoque, esta excesiva exposición mediática se ha centrado, ahora, en el frente católico. La disputa sobre cuál Tedeum por el 25 de Mayo es el verdadero, si el de Luján o el de la Catedral de Buenos Aires, es un claro ejemplo de esta inflación administrativa como vicio del gobierno kirchnerista. La ridícula estratagema del "mensaje de la Virgen" porque a Néstor se le rompió la pata del sillón para decidirse por Luján, marca un extremo de imbecilidad tan grande que desconcertó a todo el mundo, especialmente a los medios, que no reaccionaron ni con la velocidad ni con la profundidad de otras ocasiones. Pero se trata, por supuesto, de una imbecilidad controlada, de un modo de la mentira institucionalizada; de una variante del aire caliente que infla a un gobierno para abarcar la realidad del país, a despecho de la verdad.
Nadie puede ser dueño ni de la verdad ni del modo en que se la vive, que es lo que llamamos realidad, y esto todo el mundo lo sabe. Sin embargo, este "mensaje de la Virgen" resume la estrategia inflacionaria de un gobierno: ya no reciben datos sólo de la realidad como cualquier mortal, sino también desde las esferas divinas como mortales iluminados... ¿Cuánto falta para que se autoproclamen dioses?
Nadie les cree, obviamente, pero a esta altura, la verdad tampoco importa. Los Kirchner han llegado a un nivel tan alto de estupidez, nacida de su propia y proverbial inteligencia, que los exime de toda responsabilidad frente a lo que en verdad pasa en el mundo que los rodea... Esa es, quizás, la más perversa fórmula para adueñarse de la realidad que puede utilizar un gobierno... No es nueva ni será la última vez que se la utilice. La diferencia, no obstante, la hará nuestra capacidad de asombro, de reacción y de compromiso frente a nuestra propia realidad.
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