La Pascua en la lógica cristiana
Escrito por Horacio Ramírez   

Que una religión tenga una lógica no es necesariamente contradictorio. Es más: el análisis exhaustivo lógico formal de la organización del Universo requiere muchas veces de una figura análoga a la de un dios, de algo que sea principio de principios, de autoridad, poder, etc. De esta manera, no es difícil hallar los requisitos lógicos del cristianismo, impuestos en el marco histórico del expansionismo griego sobre Asia Menor y su consabida formalidad intelectual. Si hemos de considerar al cristianismo como el resultado del mentado proceso de helenización del judaísmo, la Pascua y demás festividades mosaicas habrán de razonarse desde la lógica impuesta por la nueva religión. Y lo mismo ocurre si se piensa, en sentido inverso, en el cristianismo como una herejía judaica, pensada por griegos y puesta en marcha por los romanos.

En rigor, el cristianismo era parcialmente nuevo, y su novedad era, precisamente, de carácter lógico. A la imposición elemental de los diez mandamientos, se introdujo la forma lógica más abstracta del 'amor a Dios y al prójimo' que redujo los mandamientos a dos o, incluso, a uno, ya que el amor a Dios incluye el amor al prójimo como "lógica consecuencia" silogística. También el ofrecer la "otra mejilla" es otra propuesta lógica de carácter muy avanzado: regalarle cosas a un ladrón desvanece la entidad lógica del robo; de esta manera el amor al prójimo -como consecuencia del amor a Dios- destruye la violencia en todas sus formas. Así vemos que el amor como idea-fuerza de la nueva religión es la entidad que se impone sobre la previa idea-fuerza que era la ley, base del formalismo de Moisés. En otros términos: mientras el decálogo mosaico eran leyes de Dios aplicables al Hombre, el "monólogo" cristiano del amor era una ley aplicable a Dios que se entregaba al Hombre. El cambio lógico era radical aunque no definitivo: tendrá que sobrevenir un estado de cosas en el cual sea el propio Hombre el autor de leyes divinas.

Ahora bien: las fiestas judías no podían escapar a este recambio lógico de extracción helénica. Veamos cómo.

La fiesta más habitual era, como sabemos, el Shabbat o día de reposo. Implicaba el reposo en el último día de la semana. Cristo instaura, en cambio, el reposo en el primer día de la semana, el domingo, invirtiendo el orden de prioridades: el "día del Señor" será el primero de la semana, anteponiendo, de acuerdo al nuevo mandamiento basado en el amor, el día dedicado al Señor a los días dedicados a "ganarse el pan".

Otra fiesta era el Shavuot o fiesta de las semanas; en griego, Pentecostés. Duraba un día y se celebraba siete semanas después de la Pascua. Incluía importantes sacrificios de animales, mediante la técnica del holocausto ("quema total") de lo ofrendado. El carácter purificador del fuego del sacrificio de Pentecostés sería suplantado por un bautismo en fuego o recepción del Espíritu Santo (Hechos 2:1-4). La purificación por fuego (confirmación de la Pascua) era reemplazada, entonces, por una pureza interior que garantizaría la presencia, junto al espíritu del Hombre, del Espíritu Santo.

El Yom Kippur o día de la Expiación, se celebraba el décimo día del séptimo mes cuando el Sumo Sacerdote -del orden levítico, dependiente del aarónico- entraba al Lugar Santísimo del templo, se purificaba a sí mismo, al templo, a los sacerdotes y al pueblo. El cristianismo reemplazó esta festividad con la Santa Cena. En efecto: el Yom Kippur permite la "derivación" de los pecados acumulados en la vida de los hombres al animal en sacrificio -un macho cabrío-. Como el cristianismo instauró la inmersión en agua o bautismo a tal efecto, la Santa Cena "renueva" ese bautismo.

La Fiesta de los Tabernáculos o  Succoth (Fiesta de las Enramadas o de la Cosecha) es la única ley mosaica todavía vigente dentro de la estructura del cristianismo. Parte de la festividad incluía la construcción de chozas precarias, enramadas o "succoth", donde se alojaba la gente mientras duraba la fiesta. Se incluía también una ceremonia solemne donde ante determinadas palabras se mecían los "lulavs" (ramas de palmera). Servía para recordar "las bondades del Señor" durante el viaje por el desierto. Incluía también sacrificios de animales para la redención de la nación hebrea. La festividad concelebra el futuro recogimiento de Israel en la unidad de Cristo-Jehová y, naturalmente, como todavía no ha cumplido su Segunda Venida, la festividad no puede ser abolida.

En cuanto a la Pascua o Pesaj, recordaba la liberación de Egipto y las condiciones que precedieron y acompañaron a la huída de Egipto. Comenzaba el quinto día de Nisán (alrededor de fines de marzo) y continuaba durante siete días. La fiesta se asocia, astrológicamente, con el equinoccio de primavera en el hemisferio norte (otoño en el sur), cuando la duración del día y la noche son equivalentes y recordaba, por lo tanto, la lucha entre el bien y el mal, simbolizado, a su vez, con la "osadía" judía de rebelarse contra sus amos egipcios y ante la equivalencia de luz y tiniebla, la incertidumbre en el resultado de la rebelión. El cristianismo la reemplazó, de hecho, con la Santa Cena y reuniones solemnes de adoración, que equivalen a las del primero y séptimo días de Pascua, cuando se reunía la congregación. Como vemos. El cristianismo vino a sobreestructurarse por encima de la ley mosaica. Se trató en definitiva, de un cambio formal y esencial productor de una nueva realidad espiritual que coaguló en la Iglesia cristiana. Esto no significa otra cosa que el cristianismo, en su simplicidad, encierra una formalidad estricta que incluye la realidad del sacerdocio y el sistema de autoridad representado por él. De esta forma, vemos al cristianismo como un complejo intelectual basado en su propia tradición y proyectado hacia una dimensión afectiva del Hombre fundamentada en la ley creadora del amor.