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Hace ya unos días, una orca mató en medio de un show acuático estadounidense, a su entrenadora. La noticia movilizó varias opiniones de expertos varios. Los comentaristas de los medios y los propios expertos comenzaron a analizar las motivaciones que pudo haber tenido el animal para hacer lo que hizo; si obró, por ejemplo, movida por resentimiento o por instinto; si se equivocó malinterpretando una señal; o si, directamente, en vez de un entrenador especializado vio una presa viva, etcétera.
Lo primero que se puede apreciar entre los expertos es la ignorancia estructural y conceptual y la falta de entrenamiento epistemológico.
Repasemos, ante este planteo, lo que generalmente pasa en ciencias "lights" como las biológicas. Baste con reparar en el hecho de que la Etología o ciencia del comportamiento, por ejemplo, nació en el ámbito de la botánica y no de la zoología, lo que parecería en primera instancia, el lugar 'lógico'. De ahí que todavía se diga en los textos especializados, que tal especie es de 'hábito' rastrero, trepador, etc. Es obvio que una planta no es 'trepadora' en el sentido en que lo es, pongamos por caso, una lagartija. Debería resultar obvio para los expertos, que una 'trepadora' no puede trepar porque los que trepan son los animales y no las plantas. El movimiento diferencial de las plantas (trepadora, arbórea, rastrera, o aun de 'atrapamoscas') no es un proceso activo como en los animales sino pasivo: el viento, la luz, el roce con superficies hacen migrar las enzimas de crecimiento hacia otras direcciones o desencadenan procesos mecánicos de vaciamiento de vacuolas y obligan a los tallos o a las hojas a 'buscar' la luz; a 'huir' de la tierra, a 'enroscarse' en un alambre o a ‘capturar’ insectos. Las plantas no huyen de nada, no buscan nada, no se enroscan ni atrapan nada. Esto se llama zoomorfismo: darle atributos de conducta animal a las plantas.
Con el tiempo, esto se fue entendiendo y si bien en el discurso la costumbre permanece, no pasa lo mismo en los estudios: ya se sabe que la estrategia vegetal es absolutamente distinta a la animal.
Ahora bien. Este vicio sí sigue muy presente en la concepción habitual de la zoología, tanto en la profana como en la experta, con la diferencia que se ha subido de nivel: en vez de zoomorfismo, lo que se hace es antropomorfismo, esto es: se le asignan a los animales atributos humanos. Decimos: "la araña se mueve lentamente hacia su presa". Lo que parece ser un argumento inocente tiene, en verdad, el prejuicio antropomórfico: ¿qué es "lento" para una araña? Es evidente que la "lentitud" es un parámetro humano y exclusivo, incluso, de determinada cultura, muy preocupada en la velocidad.
El antropomorfismo en zoología ha ido cambiando de forma, pero no ha sido nunca del todo erradicado. Es más: el antropomorfismo ha tomado variantes monstruosas: un museo de ciencias naturales con leopardos rellenos de aserrín, agazapados, con dientes de yeso y feroces ojos de vidrio que miran al vacío dentro de una vitrina de cristal o un zoológico con ese leopardo vivo, pero enjaulado, es una idea "demasiado humana" -diría Nietzsche- de lo que es la Naturaleza. Y lo mismo pasa con esa 'belleza' natural que vende un oceanario, donde las orcas, delfines o belugas permanecen enjaulados en una pileta para que los chicos "aprendan" lo que es la Naturaleza: un mundo ficticio bajo estricto control humano. Y mientras los chicos quizás esperaban ansiosos a la foca que aplaudía y tocaba las cornetas, una orca "se confundió" y ahogó a su entrenadora, tal como dijo un oceanógrafo reporteado en TV... oceanógrafo que, según él, vivió toda su vida en el mar y que eso parece autorizarlo a saber más de las orcas que las propias orcas que viven de ser orcas.
Las orcas, amigos zoólogos, no se "confunden": las orcas son orcas y hacen cosas de orcas. Y si se cambia el contexto -hacer, por ejemplo, que un montón de comida fresca envuelta en neopreno pase a ser una entrenadora-, eso no cambia que la respuesta del animal seguirá siendo la de una orca: ella no se confundió, los que se confundieron son los que esperaban que la orca dejara de funcionar como tal y pasara a funcionar siempre como lo espera el científico. Y eso es antropomorfismo. Es el mismo cuento de que las orcas son buenas y la gente es mala: ¡y lo dicen en un contexto donde se enjaulan orcas! ¡Donde se las obliga a hacer payasadas antinaturales "porque son buenas"! Donde se las condena a vivir menos de un tercio de su longevidad natural y donde se entrena a niños -estimulados por padres y maestros- para que sigan creyendo que la Naturaleza es eso: unos simpáticos animales “buenos” que de vez en cuando hacen llorar a los nenes si se comen a una persona...
La Naturaleza no es buena ni mala… Ni siquiera es “Naturaleza”. No es algo que exista fuera de nosotros y que posee una serie de condiciones distintas a las nuestras: es una categoría cultural como cualquier otra. En todo caso, la “Naturaleza” es la que nos lleva a inventar conceptos tales como el de “Naturaleza”…
Llevamos la marca de la Bestia -en este caso, de la orca, casi como la de Clint Eastwood pero sin la hache- profundamente arraigada en nuestra “naturaleza”, nos negamos a aceptarlo y siempre buscamos la excusa de la raza superior -con la forma de verdad científica- para justificar nuestra despiadada animalidad.
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