| Tirando reflexiones por la ventana |
| Escrito por Horacio Ramírez |
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Primer dato de los sentidos: Pipistrelo, mi gato, está sobre el techo del galpón del fondo. El sol lo entibia de a ratos, al ritmo sincopado de las sombras que dan las nubes. Cuando el sol lo mira, pone su mejor cara de buda chino y le paga al tiempo, que le rasca el lomo, con un enorme bostezo... Los gatos son, en ocasiones pacíficas como éstas, algo así como un coágulo del tiempo, como un instante que, cansado de volar por relojes y corazones (objetos que se parecen entre sí de un modo siniestro), se posa sobre quienes sabrán tratarlo, aquellos seres que, como Pipistrelo, no buscarán ni juzgarlo ni condenarlo en su naturaleza... A ver: hagamos una corta lista de aquellos seres que jamás hacen amigos entre los Hombres: El Tiempo. De todas estas entidades, el Viento se me ocurre como la más dudosa de estar en la lista. No suena raro decir que uno se ha hecho amigo del viento, y hasta parece un buen cimiento para una poesía fácil y bonita, pero, en verdad, y viendo -es un decir- cómo sopla a través de mi ventana, para ser "amigo" del viento hay que renunciar a la propia naturaleza. Hoy el viento -sudoeste- es un fuerte protagonista de esta mañana en Reta. Analicemos a través de un poema, algo de su naturaleza, para mí, engañosa. El VientoAtravesando el mundo Respecto del Tiempo y de la Muerte –más que cómplices, simbiontes-, no caben dudas que jamás debemos esperar ningún tipo de condescendencia por parte de ellos. Sus ominosas existencias nos abruman con la seguridad más implacable de su efectividad... Y en cuanto a los sueños, padecen la gran paradoja de estar íntimamente ligados a nuestra existencia pero, al mismo tiempo, ser absolutamente indiferentes a nuestros deseos de vivir. En efecto: el sueño acontece en nuestra mente como una roca que se nos cae desde lo más alto de la Naturaleza y que se desploma sobre nuestro frágil espíritu despertándonos no sin antes hundirnos brevemente en la agonía de una pesadilla... Circunstancia que lo emparenta de un modo terrible con nuestra idea de lo que es morir y que lo único que logra es molestar a nuestra compañera de lecho, la que tiene que despertarnos y que, en vez de consolarnos porque gritábamos como chanchos en la oscuridad de la pieza tras la terrible experiencia de haber visto cara a cara a la Muerte, sólo se limita a recriminarnos por haber comido cuatro platos de ravioles en la cena. Toda pesadilla es un claro recordatorio de que estamos en la Vida juntando pis en la sala de espera de la Muerte. Finalmente, en cuanto a los gatos, éstos están debidamente emparentados con todos los demás Héroes de la Indiferencia más absoluta hacia lo humano. Saben moverse en el viento para que no se los pueda oler; son impredecibles como el Azar; matan; saben esperar por su víctima y, desde Poe para acá, acompañan nuestras pesadillas. Y para ir terminando como empezamos -con los gatos- esta visión a través de mi ventana -fresco, algo nublado, 70 por ciento de humedad y 99 por ciento de turistas chinchudos porque llueve todos los días-, recordemos un poema al gato que trata de resumir estas cuestiones: Al gatoEs medianoche, |