| Palomas: maten al síntoma |
| Escrito por Horacio Ramírez |
|
Que los argumentos ecologistas han pecado muchas veces de ingenuidad, es cierto. Y que importantes grupos ecologistas han mentido conductas que engalanan el discurso de políticos, noticieros y docentes, pero que encubren negocios de un cínico color verde dólar, también es cierto. Sin embargo, hay mucho ecologista idealista -desinformado- embarcado en luchas que, lamentablemente, son una pérdida de tiempo por no enfrentar una realidad lógica difícil de admitir. Tal realidad lógica es que no se puede combatir una conducta equivocada desde el mismo contexto en el que se da tal conducta: si le pego al que me pega, le doy la razón al que me pega: pegar es la solución y fomento el error que quiero combatir. Esta clase de laberintos lógicos carece de salida, porque, simplemente, esos laberintos se construyen desde una idea determinada: una idea de ganancia, de poder, dinero, etc. De modo que ningún razonamiento podrá encontrar una salida porque no la hay, ya que se trata de un sistema cerrado de ideas: una ideología. Una cultura occidental basada en estas ideas jamás podrá entender un argumento ecologista, máxime si tal argumento se hace con otro laberinto lógico e ideológico análogo. Cuando Minos encierra a Dédalo y a su hijo en su propio laberinto -en el centro del cual moraba Asterión, el Minotauro-, el ingenioso inventor creó unas alas mecánicas y él y su pibe salieron volando. Ya sabemos lo que le pasó al hijo -que se llamaba, obviamente, Ícaro-, pero el padre, más sabio, logró demostrar cómo se sale de un laberinto sin salida: por arriba, es decir: por un nivel lógico más elevado. Cuando nos quejamos de que las palomas engullen toneladas de semillas, nos quejamos, en realidad, de que las palomas sean palomas, porque las palomas hacen cosas de palomas, por ejemplo: engullir semillas. Cubrimos hectáreas de suelo con comida para palomas y cuando, después de años de alimentarlas, éstas pegan un salto poblacional formidable, golpeamos desconsolados a las puertas de los sabios. La salida que Dédalo nos propondría sería razonar de un modo, digamos, budista: preguntarnos no ¿cómo hacer para que la paloma no me moleste?, sino preguntarnos ¿qué hice yo que ahora las palomas me molestan? y luego actuar en consecuencia. El cambio de actitud le corresponde al que alimenta palomas y luego se queja de que haya muchas palomas. Sin embargo, una conducta tan obvia requiere destruir el eterno laberinto lógico de Occidente basado en la explotación de recursos y la ganancia sin considerar las consecuencias de los métodos usados a tal fin... Pero las consecuencias llegan. Siempre llegan. Y cuando el síntoma aparece, nos negamos a reconocer que la mentalidad puesta en juego y que desencadenó el síntoma, es una trampa sin salida y en vez de elevarnos sobre nuestras propias limitaciones, nos abroquelamos en nuestras ilusiones de ganancias, de poder y conocimiento sin límites y sin preocuparnos por las consecuencias. Y el sabio responde: "maten a las palomas", que es lo mismo que dijera: sigan rompiéndose la cabeza contra las paredes de sus propias cárceles. Porque, aunque intuyamos que el sabio sabe la respuesta ("cambien de actitud frente a la Naturaleza, y la Naturaleza les perdonará la vida") jamás lo diría si pretende que los poderosos le sigan pagando el sueldo... En otras palabras: seguiremos perdidos dentro del mismo laberinto si creemos en que acabaremos con la enfermedad matando los síntomas... Seguiremos hasta que Asterión nos devore y debamos reconocer ante el Ecosistema triunfante a sinrazón de nuestra civilización: "Acta est fabula": La Comedia ha concluido. |