|
Mañana húmeda, neblinosa, fresca.
Los vapores se rinden en el pasto y siembran de diamantes el verdor recién amanecido.
Un incierto perfume a eucalipto lo conjura todo y, a lo lejos, se deshacen las voces de dos chingolos. Las nubes deambulan bajas y en la radio, una vieja canción de Bonnie Tayler hace de esta mañana de sábado en Reta, un rincón entre triste y resignado para aquellos a quienes les cuesta olvidar...
Venía de Tres Arroyos en la Dorreguense del mediodía. Al hacer la combinación en Copetonas se sienta a mi lado una señora. Comenzamos a desandar la monótona distancia charlando sobre Reta y sobre aquellos otros males en común que vuelven dóciles a esos diálogos de cercanías forzadas y, sobre todo, charlando de esos pequeños males que nos convierten en fugaces y consabidos socios en la desdicha.
Todo hubiera sido tan pasajero -como lo éramos, al cabo, nosotros mismos- si no fuera porque el rostro de esa señora no me resultaba del todo desconocido. Poco a poco, su cara se me hacía más y más familiar. Hasta que en la doble tarea de dialogar y tratar de desentrañar el misterio, caí en la cuenta que sí, que debía ser ella, que tenía que ser ella... Pero ¿cómo preguntárselo sin correr el riesgo que se ofendiera? Ya estábamos llegando a Reta y todavía no había tenido la oportunidad.
Pero cuando pasamos por el Reta-Door y Mariano ya desaceleraba la combi, ella hace un comentario impreciso sobre los nombres de los lugares y entonces, sin pensarlo más, vi mi oportunidad. Le digo:
-Y sí... Mi casa, por ejemplo, se llama ‘Yapeyú’ por la calle donde yo vivía en Bernal...
-¡Ah! ¿Sos de Bernal?
-Sí -me apuré a contestarle- Vivía cerca de la Escuela 18...
-¡Oh! Yo también fui a la 18...
¡Cómo no lo habría de saber yo! ¿Cómo no saberlo, si aquel primer día de primero inferior, aquella tarde de guardapolvos almidonados y torrentes de lágrimas, te sentaste a mi lado a compartir el naciente miedo a vivir..?
Pero de pronto, en un instante sin esperanza, antes de que Mariano cerrara para siempre la puerta de la combi, oí tu reproche: “¿...Por qué no me lo dijiste antes..?”
Y ahí me quedé: solo, viendo cómo se alejaba de nuevo la combi, llevándose con ella el recuerdo impiadosamente reaparecido...
Ahí me quedé: ahogado en la sorpresa y con las mismas palabras que creía ya olvidadas y que descubría dormidas de nuevo en mis labios infantiles; aquellas mismas palabras que nunca antes te había dicho: “Te quiero...”
Mañana húmeda, neblinosa, fresca. Mañana de sábado en Reta.
Una vieja canción de Bonnie Tayler en la radio hace de esta mañana un rincón entre triste y resignado para aquellos a quienes -por esas cosas que tiene la vida- cada vez les cuesta más olvidar...
 |