| Algunas precisiones sobre Astrología (10ª Parte) |
| Escrito por Horacio Ramirez |
PISCISPiscis: los Peces. La constelación muestra a dos peces nadando uno hacia el norte y otro hacia el sur. Representa la estabilidad (el equilibrio dinámico) entre la luz y la tiniebla a favor de la luz, de la primavera del H. Norte. El primer decanato de Piscis corresponde a una antigua constelación: la Banda. La Banda es una cinta que une a un pez con el otro pasando antes por Aries y por Cetus, la Ballena. Esta banda o cinta es la que aparece como símbolo, escondidita e inocente uniendo las ramas de laurel del Escudo Nacional. La Banda no sólo une a los peces -une lo que no está naturalmente unido: los verdaderamente unidos son los Gemelos, Géminis; los otros son los ‘cofrades’ de las logias masónicas, unidos ‘a posteriori’-, no sólo une a los peces, decía, y a éstos con Aries y Cetus sino que también es el vínculo de unión de los principios antagónicos (recuérdese que el símbolo del Yin y el Yang en el taoísmo son, en verdad, dos pescaditos nadando en sentido contrario). Une los principios terrenales y celestiales, la cabeza y los pies: es la síntesis de lo humano: su carnalidad y su espiritualidad. El segundo decanato de Piscis, es Cefeo. Cefeo, como se recordará, era el rey de Etiopía y padre de Andrómeda. También se la reconoce como la constelación de La Rama. No olvidemos que el símbolo de la rama ya aparecía en una de las manos de Virgo: en la mano izquierda, la mano de la carnalidad (la derecha llevaba a la estrella Spica). Esta rama -esto lo dije también respecto de Virgo- es el símbolo de Cristo: Cefeo la lleva en su mano derecha. Cefeo es, entonces, la figura de Dios Padre que blande la rama, o sea su Hijo en la carne que salvará a quienes quieran ser salvados -quienes en la carne acepten al Cristo; o sea que la rama es la materialidad de Cristo: la que brinda abrigo al cuerpo en la fiesta de los Tabernáculos, la fiesta opuesta a la Pascua judía o fiesta de las chozas o de las enramadas. Recuérdese que Pedro, Santiago y Juan construyen una enramada mientras Cristo está en el Monte de la Transfiguración: era su manera de invocar al Mesías esperado, al Jehová que venía en cuerpo de carne-. El Caballero del Grial Perseo es el que salva a la virgen Andrómeda del monstruo marino (el monstruo del caos, del agua) llamado Cetus o la ballena. Pero no se trataba de una ballena: es un problema de los traductores y copistas. Las palabras originales del hebreo hablan de un monstruo (son esos monstruos que se dibujaban en los mapas antiguos, tirando chorritos de agua, etc. Es toda una confusión: el dichoso Cetus tiene cabeza como de lagarto, brazos y manos de doncella, cuerpo de pez, un par de alas como de dragón y termina en una cola de pez que se hunde en el agua de Acuario, que es adonde también terminaba la cola de pez de la Cabra de Capricornio ¿Se acuerdan? ¡Ahhh! Esto no será física cuántica pero es un lío igual!). Cetus amenaza a Andrómeda. La historia mítica dice que la culpa de todo la tiene Casiopea, la mujer de Cefeo, quien envanecida por su belleza motivó que Hera (la esposa de Zeus, la Juno romana) le enviara a Cetus para que se comiera a la hija y después venía Perseo y la salvaba, etc. Esta historia de un padre nacido de virgen -Cefeo- y de una madre cuya inconducta arrastró a la hija Andrómeda (otra variante de Virgo: la Doncella Divina), explica el porqué es el hombre -el varón- el que debe llevar el sacerdocio y no la mujer. Este esquema de constelaciones se puede resumir del siguiente modo: Piscis es la dualidad de la carne y el espíritu, unidos por la banda que es el principio universal que une ambos extremos, que simboliza que todo el Universo está sometido al mismo principio. El pez en el agua, no olvidemos que simboliza al Cristo. Por eso es que uno de los símbolos esotéricos de reconocimiento entre los cristianos era el pez (el otro era círculo con el punto central, muy parecido al jeroglífico para Amón Ra). Toda la simbología derivaba del entrelazado de dos círculos, donde el perímetro de uno coincidía con el centro del otro. El espacio entre ambos era el legendario ‘Vessica Pisces’, que dio origen a la figura del pez, por un lado, al ojo (como el ojo que todo lo ve, o el Ojo de Horus, el dios halcón, bicho de buena vista) y la boca que en la tradición hebrea es la boca de Jehová, el dios indecible. Recordemos que Moisés le pregunta a Jehová cómo se llamaba ya que estaba seguro que los muchachos le iban a preguntar. Pero su nombre nos es oculto y le contesta: “decile que ‘yo soy el que soy’ -Jehová- te lo dijo”. Y mientras Amón era invisible, Jehová era el indecible... Por eso que al Adán de barro le soplan el hálito de vida por la nariz y no por la boca: porque la boca habrá de ser usada (cuando Adán -es decir, cualquiera de nosotros, en la Iglesia verdadera- sea un nuevo Dios) para crear diciendo: “Nefatlí (la tribu asignada a Piscis) Neftalí, cierva suelta, que pronunciará dichos hermosos”, dijo Jacob de su tribu. Adán -el ser humano- hablará verdaderamente cuando cree, mientras tanto su hablar es necedad (nec-scio: sin ciencia): “Dejad que los niños vengan a mí”, es decir: dejad que los infantes vengan a mí: los in-faris: “los que no hablan”, o sea: todos aquellos que no sabemos qué decir, y que si hablamos, será sin ciencia. Callarse: administrar la palabra. |