Algunas precisiones sobre Astrología (2ª Parte)
Escrito por Horacio Ramirez   

El problema astrológico II

Volver ahora de este panorama apocalíptico al caso de la astrología, ya nos parece una nimiedad, pero es que la astrología es un buen ejemplo de la búsqueda de una respuesta divinal cuando tenemos el órgano para recibir tal respuesta, totalmente atrofiado.

La Astrología constituyó -como la alquimia- una forma de entender y sistematizar los saberes esotéricos. Tales saberes son, como la naturaleza misma del Dios, invariables y por eso no cambian: una vez conocidos o ajustamos nuestras vidas a su propia realidad o nos desviamos y nos perdemos. Pero al carecer de una visión clara de ese dios invariable, aunque tengamos la voluntad de ajustarnos a un devenir sagrado del mundo, ya no sabemos cómo funciona todo... No hay siquiera un buen pastor que nos arree con sus dulces parábolas... Así perdidos, así aturdidos por el desastre de nuestra propia impiedad, buscamos desesperadamente una guía. Y así, nosotros como nuestros más primitivos congéneres en el principio de los tiempos, confiamos en el devenir de los astros en el cielo. Aunque seamos incapaces de percibir, quizás, la sucesión de las constelaciones o de los planetas en el firmamento, sí entendemos la continuidad de la luna y del sol, y con esto nos alcanza, aunque más no sea, para creer en un mañana.

Entre los principios que el Hombre ignora figura el principio de la Eternidad. Como no entiende que la Eternidad es la carne misma de lo Sagrado, la carne misma de Dios y al no tener una visión acabada de Dios en sí mismo, no puede eludir su miedo al tiempo. De esta manera, mientras la Astrología esotérica, confía en un Universo inmutable como la Eternidad misma a la que adscribe por principio teológico, la astrología bastarda desconoce este factor y trata de reparar el miedo al tiempo, reemplazando la Eternidad por la adivinación. Así, por el mecanismo de la predicción busca generar su versión “doméstica” de lo Eterno, adivinando el futuro.

El Tiempo nos es dado sencillamente porque no sabríamos cómo desenvolvernos con una Eternidad. De hecho, es más probable que el principio del “Carpe diem” (“Aprovecha el día”) nos sirva como preparación para administrar la Eternidad... si es que alguna vez llegamos a hacerlo.

Es lógico, entonces, que sintiéndonos desamparados frente a la mutabilidad del mundo, busquemos un principio de invariabilidad. Como no sabemos confiar en la Eternidad -porque desconocemos los principios que podrían dar origen a esa confianza-, tenemos que encontrar una estrategia que nos permita reencontrarnos con la confianza... El problema es que si bien la confianza en sí misma es algo positivo, la falsedad de base que desarrolla esa confianza, nos deja abandonados a nuestras propias estrategias de supervivencia y no a la estrategia infalible que nos tiene reservada la divinidad para tranquilizarnos, mientras tanto nos las tenemos que arreglar con este impredecible y voluble tiempo...

Por último, cuando se nos pregunta si la “astrología científica”, atiborrada de obvias precisiones de líneas y términos estandardizados como lo hace la ciencia, con cartas astrales y demás cosas, cae dentro de esta clasificación de astrología profunda y superficial, decimos que no sólo cae dentro de las formas banales de la creencia, sino que es la más peligrosa de todas, ya que junta dos principios basados ambos en la confianza del Hombre en las cosas del Hombre y en su olvido de la divinidad, de lo Sagrado como única fuente de conocimiento absoluto y verdadero.