| Cuando el agua es un problema |
| Escrito por Horacio Ramirez |
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Existe una suerte de “ley” ecológica no escrita que dice que cuando el entorno se convierte en un problema para el Hombre, es que es el Hombre el que se ha convertido en un problema para el entorno. Y este cambio de enfoque es fundamental, porque hay que considerar que mientras el Hombre puede pasar siglos tratando de solucionar su “problema” inútilmente, el entorno lo resuelve en forma rápida: extingue a la especie que molesta y sigue adelante. La Naturaleza que nos rodea no puede ser burlada, esquivada ni engañada. Es una máquina de funcionamiento perfecto, enraizada en los confines más remotos de la realidad cósmica y absolutamente impiadosa: la Naturaleza jamás perdona. Y si se tiene que cobrar una deuda, se la cobra sí o sí. Hoy, la Argentina está padeciendo el problema del agua bajo dos formas igual de perniciosas: por exceso, en las inundaciones del Paraná, y por defecto, en la sequía que afecta desde hace meses a varias provincias del país.
Esta clase de problemas requiere, para su solución, de una preparación humana a nivel de estadista. Una formación basada en un proyecto de país. Una mentalidad abierta y de largo aliento. Requiere de un pensamiento serio y elevado que se tome en serio el futuro ambiental de nuestra gente. Requiere entender ciertos aspectos del agua que no siempre se tienen presentes. Ante todo, que el agua no es una sustancia “sencilla”. En efecto: con decir “hache 2 O” no decimos todo lo todo que es el agua, todas sus implicancias y todas sus razones físicas y químicas que la convierten en una sustancia impostergable en cualquier análisis que trate de estimar la posibilidad de sobrevida de la especie humana en el planeta. El agua está en los orígenes mismos de la materia en el Universo. Los cometas están hechos en gran medida de agua y la tierra, y los demás planetas rocosos, se formaron de la acreción de estas rocas de agua. Además, las propiedades físicas y químicas del agua no son siempre las mismas sino que varían según las condiciones que atraviese nuestro sol en su viaje por la galaxia. No podemos decir que el agua haya sido siempre la misma en las distintas etapas geológicas. En este sentido, nuestro globo ha madurado hasta convertirse en un rico reservorio de agua: desde la atmósfera y desde las erupciones volcánicas, el agua se ha ido distribuyendo en toda la materia hasta ocupar los espacios que tiene hoy. Ha sido, además, el ambiente en el que se originó la vida. De hecho, los seres vivos, aun aquellos que hemos abandonado el ambiente acuático, somos, en realidad, grandes gotas de agua marina que se encuentra retenida por distintas estructuras, y que ha logrado deambular por tierra firme, pero perdiendo siempre un poco de agua, por lo que siempre necesitamos reponerla para poder mantener en funcionamiento el resto del organismo. El agua, además, participa de todos los procesos geológicos y ecológicos, y por ende, necesita de un exhaustivo tratamiento por políticas ambientales proyectadas con coherencia, a un futuro lejano. Pensemos en los siguientes ejemplos. El agua en la tierra, luego del riego o de la lluvia, tiene tres destinos: escorrentía -en profundidad o superficial-, higroscópica o como agua de capacidad de campo, la cual está disponible para las plantas. Las otras dos, no: una porque se escurre y la otra porque se adhiere tanto a las partículas del suelo que las vuelve inútiles para las plantas. Las prácticas agrícolas de deforestación, sobrepastoreo o siembra excesiva han destruido la estructura del suelo -que permite la escorrentía hacia las napa y la de capacidad de campo- y se da un sobreflujo de agua superficial que inunda las riberas de nuestros ríos, colmatando los cauces con el material de arrastre y produciendo desastrosas inundaciones. Esta agua que se pierde en superficie no alimenta las napas, por lo que éstas, con menores caudales, comienzan a vaciarse. No existe ningún plan de reserva de agua subterránea -naturalmente preservada de la evaporación-, sino que todos los esfuerzos son en reservas de superficie, que promueven la pérdida por evaporación por acción del calor y del viento. No existió ninguna política local que previera el peligro geoestratégico que significa la instalación de gigantescas represas río arriba, como en pleno territorio brasileño, dejando a nuestro país abandonado a su suerte y al capricho o necesidades de otra nación. No existen sistemas de derivación de agua en caso de inundaciones combinadas con sequías, como ocurre ahora en el Chaco. Desde hace décadas que se viene sobreexplotando el suelo, llenándolo de sustancias químicas que, más tarde o más temprano, alcanzan las napas y las contaminan y por eso hoy no existe lugar en la Tierra que no contenga algún agroquímico u otras sustancias sintéticas: del mismo modo en que se encontró gamexane en carne de pingüinos o se halló papel higiénico en las fosas de la cordillera central del Atlántico. Y a nivel político, el Gobierno vetó alegremente la Ley de Glaciares… Es decir que se toman decisiones sobre la administración del agua en todos los niveles como si se conociera la totalidad del ciclo del agua, y éste es, todavía, en gran parte especulación, a pesar de las “certidumbres” que enseñan los manuales de texto al respecto. Algo similar ocurre con nuestra capacidad de pronóstico en materia climática. Se deja así rifada a decisiones y caprichos políticos del momento el destino de los grandes humedales que nutren de agua nuestras reservas y con ellas otras reservas de agua dulce... Cuando el agua se nos convierte en un problema, lo decimos una vez más, es el Hombre el que se ha convertido en un obstáculo al normal desarrollo de la Naturaleza... Pero algo siempre queda claro como el agua, y es que la Naturaleza siempre ganará: con nosotros o sin nosotros… |