Libertad se escribe con R
Escrito por Horacio Ramirez   

Y pasó el fin de semana largo. Y yo me quedé aquí. No fui a Reta. Ya no puedo ir. Ese es el problema con las distancias: una vez que se las vence, no queda mucho futuro.

Siempre creí que el gran problema con la gente que viene a Reta, es la búsqueda de la libertad. Se viene a Reta a buscar caminos que conduzcan a la libertad… Personal, espiritual, familiar o la que sea, como uno la entienda o la desee.

Yo escribí, en ese sentido, que los caminos en Reta -los verdaderos caminos: los mentales, los espirituales, los emocionales- no conducen a la Libertad, sino que nos ayudan a descubrir qué damos de nosotros para merecer la libertad.

Reta me da tranquilidad, naturaleza, espacio para el alma… pero ¿qué le doy yo a Reta? Y no me refiero a no tirar el papelito en la playa (eso se descuenta, es cosa de civilización, de lo que yo hablo está más allá de la civilización). Me refiero a qué le doy para cosechar eso que se supone Reta me da. Porque el asunto es así: el mundo no me da aquello que no le doy. Lo cual encierra una obvia y hermosa paradoja: si lo vengo a buscar a Reta es porque ya sé de qué se trata, y sé de qué se trata porque ya lo tengo. Reta o Ciudad Esmeralda, es lo mismo.

Lo importante, me parece, es reconocer qué le doy al mundo para merecer la libertad de vivir en él.

Me dijo un hombre de por estos lares que “el que vive en Reta es o porque nació acá o porque viene huyendo de algo”. Yo, en lo personal, venía huyendo de la violencia, de la mediocridad, de la miseria humana. Pero con el tiempo, caí en la cuenta que aquí, en Reta, pude drenar la pústula de violencia, mediocridad y miseria que había crecido en mí.

Vine a Reta a ser mejor y lo he logrado en la medida en que reconozco que yo era el que venía mal. La libertad es caminar la distancia que media entre lo que soy y la plenitud de lo que puedo ser. ¿Qué le doy a Reta? Libertad y cosecho Libertad, es decir: empiezo el camino interior -parafraseando al amigo Rodrigo- que termina donde todo empieza y que empieza donde todo termina.

Saludos a mis estimados concurdáneos,

Horacio

Y para terminar un poema a los que no vinieron a visitarme...

A los que no vinieron

Es el mar perpetuo destino
de nubes y miradas,
y en él siento que no importó
que me leyeran
y no escucharan:
yo te veo, sin embargo,
en la distancia
hecho horizonte y nubes
jamás tocadas...

Y también soy el mar
en aquel sentimiento
de abandono hambriento
que llamo destino:
espejo engañado
que se cree final
y es sólo camino.

Y soy hoy la roja
desesperanza de la tarde
que triste y bondadosa
se duerme en el secreto jardín
de las alquimias y las rosas.

Soy, en fin,
la promesa que hiciste
para sentirte inmortal.

Pero, ya ves:
me hice nubes y horizonte...
y una mano que no tocarás.