| Poco a poco, la Primavera (y otras disquisiciones) |
| Escrito por Horacio Ramirez |
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En Reta ya están en sus rincones los distintos protagonistas. Primerearon las fresias con su temprano primoreo. Perfumando aquí y allá a las mujeres y a las nenas -que en primavera medio como que se me confunden- andaban con sus ramitos de fresias y ese perfumito agreste, entre dulce y agrio, henchido de nostalgia. Cada ramito, un sahumerio. Cada ramito una promesa. Cada ramito una puerta cerrada. Después, las golondrinas, tejiendo el aire a lanzazos. Luego, en la soga de colgar la ropa -vacía y limpia- se instaló el cimbronazo del churrinche. Todo el rojo. Toda una pequeña furia. Algo de inocente rabia inconducente. Y de golpe, su adiós de brasita, que nos deja una breve herida en la retina del sentido común. Cerca del pinar, el primer pico de plata y después el viento, la tormenta, más viento y el frío. Los protagonistas ya están. Ya sonó la campana. Y nada de golpes bajos. ¿Se preguntaron alguna vez -ya que estamos en el tema- por qué la vida desarrolló la estrategia de los sexos? ¿Por qué no la brotación, por ejemplo o la gemación o la simple división, así, sin más historias en todas las especies y listo? ¿Porque el sexo es más divertido? No es una respuesta válida, ya que seguramente la gemación y otras divisiones tendrían su ‘recompensa’ como para que sea buscado. Ya que, convengamos, sin una efectividad conducente lo suficientemente atractiva al final de la jornada, nadie se tomaría el trabajo previo. No. Debe haber algo más en esa manía del sexo. Hasta los paramecios, y otros -sobre todo en ciliados-, la conjugación es un proceso de rejuvenecimiento sexuoide. La palabra clave es esa: rejuvenecimiento (no sexuoide, que juro no repetirla más). Veamos. La vida se divide en sexos para re/conocerse. Para conocerse de nuevo. Para saber que anda todo bien. Para saber/se. Para comprobar/se que vive. Porque, pensemos: así como nos dividimos en sexos también nos dividimos en unidades más o menos discontinuas. ¿Por qué no ser un protoplasma único y vivir, así, sin más, cubriendo toda la Tierra en una masa única? La respuesta es la misma: ¿Contra qué constataríamos que vivimos, si no? Decía Descartes “Pienso y por eso sé que existo”, pero luego se preguntaría Nietzsche: ¿Cómo sé que pienso? ¿Con otros que comparten lo que muy bien puede ser mi misma locura? ¿Contra qué contrasto lo que pienso para saber que pienso, si soy el único ser en el planeta que piensa? Del mismo modo ¿Cómo sé que vivo si no tengo un león que se coma una cebra? ¿Cómo sé que vivo si no amo? ¿Cómo sabría que vivo si no hubiera primaveras? Es una idea. Una idea de primavera. |