





| La importancia de un buen título |
|
|
|
| Escrito por Horacio Ramirez |
|
Nunca fue ‘titulero’ como se le dice en la jerga de los medios gráficos al “especialista” en poner títulos a las notas y epígrafes a las fotos. Los tipos con este don echan un vistazo al material, se ponen la mano en la pera y miran un rato al piso. La otra mano les envuelve el vientre. No son más de 15 a 20 segundos, cuando de golpe, levantan la cabeza y señalando con el índice el monitor despachan el título exacto. La rima justa. El sentido preciso. Los tienen los grandes medios y en especial Olé, Crítica, Diario Popular, Crónica. El buen título hace más de un cuarto de nota. La función del título, entonces, es crucial. Y lo es no sólo en periodismo gráfico, sino también en las artes, especialmente en las literarias y las plásticas. Con la música, en cambio, el título se lo suele poner el tiempo (Mozart nunca hubiera llamado ‘Trágica’ a su cuadragésima sinfonía, por ejemplo. El título apareció durante el romanticismo) y el tiempo suele ser sabio, aunque muchas veces -como en el caso de la 40 de Mozart-, se suele llevar por la moda. ¿A santo de qué esta disquisición? Las fotos que se publican en esta página y las que participarán en el concurso fotográfico de ‘Paisajes’, no sólo serán material fotográfico propiamente dicho, sino también títulos. Un buen título potencia la imagen. La hace más nítida: es como una lente que nos ayuda a enfocar con mayor precisión aquel objeto intelectual que movió al autor a sacar la foto. A veces complementa el esfuerzo de la observación preliminar, a veces es el resultado de descubrir algo que no se había prevista a la hora de oprimir el botón, pero siempre habrá de darle un último sentido -que todavía le pertenece al artista- antes de dejar la imagen en manos del público. Se preguntaba don José Ortega y Gasset Munilla, acerca del porqué de los marcos en los cuadros. Por qué el cuadro oriental -japonés, por ejemplo- debía carecer de marco y por qué el occidental debía tenerlo. Observemos que cuanto más chico es el cuadro más importante es el marco. En cambio, cuanto más grande es, el marco tiende a desaparecer. Esto da parte de la respuesta a la pregunta del filósofo español: el marco sirve para definir un límite entre el mundo ‘real’ y el ‘ficticio’ del cuadro. Los orientales, por oposición, no distinguen entre ambos mundos, por lo que no deben hacerles demarcación alguna. Bueno: el título forma parte del marco de la obra. Aquí, en este concurso, no habrá más montaje que la imagen en el monitor, por lo que las dos únicas funciones de marco serán el frío contexto que rodee a la pantalla… y el título. De esta manera, el título acrecentará su importancia. El título deberá acompañar a la obra, deberá ser delicado, ligeramente literario. Deberá disolverse en forma inmediata en la imagen que enmarca. Debe ser dicho, pero sus palabras serán apenas un eco de la imagen. Deberán ayudar a la foto y no enmarañarse con ella. El título no debe competir con la obra. Miremos la foto de Romina Hernández: esa palabra ‘más’, con esa vocal abierta que nos deja la boca abierta, lista para engarzarla con ‘libertad’. Esa palabra ‘más’ hace gran parte del trabajo del título. Viene de una evaluación previa: trasunta la inquietud anterior al título (anterior quizás a la foto) y la descarga casi sin importancia sobre el otro término. La foto de Romina hubiera podido llamarse sólo ‘Libertad’ y haber satisfecho parte de las necesidades de la imagen, pero el término ‘más’ le da a la imagen -desde el título- una dinámica que el término libertad por sí solo, no tiene. Si se tratara de un ave volando, la inestabilidad, la dinámica propia de la forma podría hasta apoyarse en la relativa quietud de la palabra ‘libertad’. Pero el caso es que se trata de una nena y un perro, caminando sobre Reta. Sabemos que en Reta hay lentitud. El camino que se exhibe es de extrema lentitud, la nena no corre y el perro apenas si tiene ese trote que la ladea la cadera. Sabemos que el camino llevará a la pareja lejos, pero que lo hará sin tiempo y sin necesidad de tiempo. Sabemos que habrá alguien que los espera, pero que también lo hace sin tiempo, sin urgencia ni ansiedad. Hasta podría argumentarse que sólo la esperan los árboles… aquellos seres para quienes parece haber sido inventado el tiempo…
De esta manera, la ‘libertad’ del título necesitaba de la apertura, esto es: la dinámica del término ‘más’. Y así, el título queda abierta hacia atrás -por la evaluación previa que movió a considerar la cantidad de libertad- y hacia delante por su trabajo inherente sobre la imagen. Se trata de una buena imagen y de un buen título. De esta forma creo haber mostrado cómo, en realidad, en el título ya comienza la obra. Otra cosita antes de terminar: uno en general empieza observando la imagen; luego se detiene en el título e inicia una segunda mirada, llevado, ahora, por lo que leyó. Si bien la primera visión puede impactar o no favorablemente, es la segunda observación, con la energía (diríamos, la sinergia) del título, la que termina por convencernos. La primera observación es el metejón con la imagen. La segunda, es la mirada con la que nos casamos con la imagen… El título es el perfume de la obra: tiene que hablar de mí; no debe empalagar; debe bastar. No necesita ser dulce (‘Más libertad’ no es un título dulce, todo lo contrario), aunque puede serlo, especialmente si complementa la imagen… Si queremos ser exquisitos, todo lo que hable de vueltas, ondas, sinuosidades y diptongos suele rendir títulos dulces… La ausencia de los tales elementos, suele rendir palabras ácidas o amargas o secas. Quizás los necesite la imagen de la sal del mar o quizás, uno quiera trabajar el sabor de la sal… Recordemos -ahora sí, para terminar- que las dos estrategias para un título son: o armonía o contraste. Parte de la estrategia de un buen título es habernos decidido por una u otra forma de enfoque, aún antes que tratar de lograr la síntesis. (Ojo: síntesis, no resumen)… Buena suerte con la poesía. Horacio. Etiquetas: horacio ramirez
Comentarios (3)
![]()
Para Seba
escrito por Horacio Ramírez, octubre 01, 2009
Seba: la libertad es sencilla. No sé a qué le llamás majestuoso. La foto en cuestión es, precisamente, sencilla pero muy elegante. Es más: a veces en un cuadro hasta la firma puede ayudar a conseguir la estabilidad visual. En el caso de la foto de Misia Romina, los árboles ayudan a "cerrar" la dinámica de la imagen. La dirección del camino va en contra de lo que se aconseja -que se abra hacia la izquierda que es la parte más estable de una imagen, para nosotros, que escribimos de izquierda a derecha-, sin embargo, insisto, los árboles ayudan a darle un cierre elegante... con elegante quiero decir: cierra y no se nota, no muestra que "trabaja" cerrando con la parte proximal del camino, sino que lo hace espontáneamente. Eso la hace una imagen más bella y permite, obviamente, transmitir mejor la sensación de "quietud dinámica"... la sensación de que uno no va a Reta, sino que, como me gusta decir a mí, uno siempre está allá...
Un abrazo, Horacio. Escribir comentario
|
Y qué buena sorpresa leer hoy esta nota.
Para mí no hay nada mejor que poder generar alguna reacción en la gente con una imagen: reacción a favor o en contra, no importa, lo que me interesa es "movilizar el sentimiento".
La verdad es que cuando tomé la foto no pensé si el camino se tenía que cerrar hacia la izquierda o a la derecha para darle más equilibrio a la imagen, tampoco pensé en la estabilidad visual ni en cerrar la dinámica de la foto, sólo intenté preservar en el tiempo un instante mágico: mi hija creciendo sin que nos demos cuenta, casi imperceptible e inexorablemente haciendo su camino y yo atrás, como simple espectadora.
Gracias por ayudarme a compartir esta imagen con aquellos que, estoy segura, comparten conmigo cada centímetro de Reta como si fuera suyo. Donde, cada uno de nosotros sin duda nos sentimos con Más Libertad.