1816 – 9 de Julio – 2012: “¡Sí!”

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(Imagen: es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Tucumán)

Escribe: Horacio Ramírez

“¡Sí!”

La bandera de Mayo estaba agotada. Quizás no nuevos ojos pero sí nuevas miradas, se asomaban tras los jirones de aquella bravuconada de1810 ala que España se había decidido ponerle fin. Era un gigante en plena caída que trataba de asirse a los laureles de una vieja gloria, sin percatarse de que a esa altura ya eran puro adorno… pero en su caída todavía podía hacer mucho daño.

Ese naciente territorio era un yermo de desorientación. Cada camino que se extinguía abría las puertas a un nuevo fantasma. Cada curva que debía abordar la sopanda que llevaba a los congresales, era un miedo al salvajismo, al ser atacados por bandoleros o, peor, por los indios. Los políticos de aquellos años se ponían el uniforme de expedicionarios en un viaje de semanas hasta el corazón mismo del territorio: Tucumán.

La idea era una nación continental, continuando el Plan Revolucionario de Moreno y que Castelli intentara consagrar en su marcha al Norte. El gran antecedente erala Logia Lautarodela Revoluciónde Octubre de 1812, con la acción decidida de San Martín, Guido, Manuel Moreno y Monteagudo, que depuso al Primer Triunvirato, el que, a la vista de todos, encarnaba los intereses contrarrevolucionarios que hacían peligrar la bandera de 1810. Esa nación Continental era el fundamento filosófico del plan de San Martín y de su alianza con Belgrano, Güemes y O’ Higgins. Plan que aparece en la atmósfera dela Declaracióndela Independenciaque fue hecha a nombre de las ‘Provincias Unidas en Sud América’ y no ‘del Río dela Plata’como poco tiempo después falsearía el partido mitrista porteño. Plan continental que respondía a la red de cartas que circulaban por los Andes y se distribuían por las pampas y las sabanas venezolanas. Plan de San Martín, Manuel Belgrano y Güemes, así como de O’Higgins, Bolívar y el detenido en Cádiz, Paco Miranda.

Había que irse al corazón mismo del único territorio que el ya antiguo gigante hispano no había reconquistado para Julio de 1816… y en gran medida, había que alejarse de Buenos Aires, donde se cernían intereses peligrosos a la causa dela Independencia. Habíaque estar cerca del fervor bélico: allí donde Belgrano había salvadola Revoluciónen 1812 y cerca de donde la grandiosa propuesta de Belgrano encontraba sentido: reavivar la verdad histórica que yacía en el antiguo imperio Inca… Más allá del hecho de contar en aquellos lares, con potenciales 2 millones y medio de almas contra el vasto vacío de las llanuras del sur…

Todas esas voluntades habían, por fin, alcanzado la instancia decisiva. En aquella casa en el corazón del corazón del territorio, se juntaron no todos, pero los suficientes como para poder declarar la independencia.

El diputado por San Juan, Laprida, hizo la pregunta: “¿Queréis que las provincias dela Unión sean una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?”. Se oyó la respuesta: “¡Sí!”. Y así surgióla Nación, coronando una Patria que había empezado a vivir desde 1810… Pero así también se destejieron, como nieblas al amanecer, las fuentes del pensamiento original.

La propuesta de Belgrano -votada en mayoría simple, por ausencia de diputados porteños- no prosperó. Su candidato al trono, Don Dionisio Inca Yupanqui, nunca pudo volver a sus montañas y murió en 1827 en Buenos Aires, enterrado sin nombre en el cementerio dela Recoleta.SanMartín desistió, volviendo ala Europaque lo había formado como libertador. Belgrano muere olvidado y pobre en Buenos Aires y hasta el propio Laprida fue muerto tras apoyar la revuelta unitaria de 1829, por las fuerzas que contaba con un joven Sarmiento en sus filas. Se rindió sin oponer resistencia y como escarmiento, fue enterrado hasta la cabeza y se hizo pasar una tropilla de caballos sobre ella. Nunca se supo del destino de su cuerpo…

Como sea, con aquel “¡Sí!” al malhadado Laprida se sellaban todas nuestras virtudes como Nación. Con aquel “¡Sí!” se desatarían también todas nuestras miserias como pueblo. En aquel “¡Sí!” se concentraban, en definitiva, todas las sangres que se derramarían y todos los nombres que se vivarían a lo largo del tiempo…

En aquel “¡Sí!” nacían nuestros destinos… y en cada 9 de julio aquel “¡Sí!” repercute en todo el planeta, porque fue, sin dudas, el más fuerte grito que pudimos dar jamás como argentinos.

Oriundo de Bernal -partido de Quilmes, vive con su familia desde hace 8 años en la Quinta Yapeyú, en Reta. Artista plástico, poeta y periodista, escribe en La Voz del Pueblo de Tres Arroyos. Autor de tres libros de poesía y cuentos -en ediciones personales-, presentó sus pinturas -dibujos, óleos, acuarelas e imágenes digitales- en varias exposiciones en Reta y Tres Arroyos, así como en el Gran Buenos Aires. Expuso sobre Filosofía del Poder en el Complejo Gral. San Martín de Bs. As. y sobre Ecología Informacional, Teoría del Comportamiento y Cibernética en el Aula Magna del Museo de La Plata, invitado por la Cátedra de Etnografía. Recientemente premiado en un concurso de poesía de Baradero, actualmente escribe poesía y prepara sus próximas muestras de arte digital y fotografía.

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